ANTES DEL SOLSTICIO
El
lugar común es la hoja en blanco sobre la que no puedo escribir, terapia sugerida
por el poeta triste, para vomitar lo que es necesario decir. Los minutos se
arrancan a la carátula del reloj, como las hojas de libreta que sigo lanzando
contra la ventana. Un diario. Nunca he llevado un diario. ¿Qué día es hoy? ¿Qué
día es el que estoy viviendo? ¿Vivo realmente? El invierno comienza mañana y la
luna suplica un poco de amor, un beso: palabras. Yo accedo por aburrimiento,
por lástima o porque sí. Besos ficticios, imaginarios, besos que se desgranan
en camas separadas por algo más que la distancia.
Se
dice lo que alguien quiere escuchar, se escribe lo que alguien quiere leer.
Entrego mis textos a cambio de besos imaginarios, los prostituyo (¿o son los
besos los que se prostituyen a cambio de un poco de tinta, de un poco de cariño
y atención?). La ciudad de piedra es más fría en el poniente. Gritos fríos se
escuchan allá afuera, objetos que se estrellan en mil pedazos. La ciudad de
piedra es fría y está más viva que nunca.
Ya te extrañaba.
ResponderEliminarAquí estoy. He vuelto.
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