sábado, 16 de febrero de 2019

Hoja 5

ENTRESÁBANAS




Sigo metido en la cama, entre las sábanas, pero estoy despierto, completamente despierto. Escucho los ruidos que vienen de la calle, la música en casa de los vecinos que quisiera contrarrestar con la estridencia de un disco de metal. Ella también resuena en los ecos de mi memoria, pidiendo eso, precisamente: que ponga música. Le asusta el silencio de esta casa, le asustan sus propios gritos. Después se pierde en la delgada frontera donde se entrecruzan las realidades y la música o el silencio dejan de importarle un carajo. Imagino su cuerpo, dilatado al calor de mis brazos, respondiendo a la eléctrica sensación de mis dedos que avanzan suavemente por su espalda. Su cuerpo y el mío se entienden, se reconocen. Más aún: ella desconoce muchas cosas de su cuerpo que yo sé. 

Pienso en el texto que me pidió y que pronto pintaré con besos en la piel de su espalda. En un mínimo de palabras, la idea de eternidad que nos vincula desde el principio, desde que coincidimos por primera vez: la entrega, la posesión, la toma, la dominación salvaje... En un mínimo de palabras, nuestra propia tabla esmeralda.

Su recuerdo y el delicioso aroma de su piel en esta cama me ha excitado los sentidos y despertado en mí el deseo de poseerla nuevamente, de entregarnos al goce de los cuerpos sin preguntas ni porqués, al margen de cualquier vestigio de cordura: básica e instintivamente, como animales salvajes, sin nada que perder, sin pronunciar nuestros nombres, sin recurrir a conceptos tan gastados, nocivos e innecesarios como el amor, que pudiesen arruinarnos el momento...

Entre el onanismo y su recuerdo, miro cómo se va elevando el día más allá del cristal de mi ventana.

sábado, 9 de febrero de 2019

Hoja 4


UN ALA, SOLAMENTE...





“De las alas que me regalaste, solo me queda una. Y esa no me sirve para volar.”

Mi mente es un tropel de imágenes desenfrenadas, vorágine de ideas inconexas, la sensación amarga y reseca de una noche de insomnio. Lo curioso es que antes de ti, yo nunca había tenido insomnio ni había bebido alcohol antes del desayuno, como lo hago ahora. Tú me representas la primera vez de muchas cosas, en diversos sentidos y también el regreso a costumbres que tenía olvidadas. Tú me haces sonrojar y yo jamás me sonrojo… Y luego la ausencia y el silencio. ¿Por qué te desvaneces así? ¿Qué juego perverso es este? Tú y yo pensamos. Pensamos demasiado, para nuestra desgracia y, por lo mismo, por esta necedad de seguir pensando es que no puedo dormir. Pienso en tus excusas sin sentido, sin validez, sin soporte ni lógica. Me molesta el alarde con el que hablamos de nuestra inteligencia. Si fuésemos tan inteligentes como creemos, esta separación no tendría razón de ser. Me haces odiarte y odiarme a mí con la misma intensidad con la que te amo. He vuelto a las viejas costumbres, a rutinas que tenía olvidadas. He vuelto a usar reloj: ese afán masoquista de registrar el tiempo en que ya no estás. El mismo afán masoquista que mantiene tu cepillo de dientes en el vaso, pensando que tal vez mañana despiertes aquí, cobijada en estos brazos. La cabeza me duele, de tanto pensar, quizá, o por la falta de sueño o por mi recién adquirida costumbre de beber mezcal apenas despertar; o la otra, la de dormir con las mandíbulas apretadas cuando logro hacerlo. También he llorado, pero no tengo ninguna duda de que eso tú ya lo sabías.

Aquí, conmigo, llevo tus besos, los te amo, la certeza de un amor para toda la vida que se desgasta tratando de comprender por qué dos personas que se dicen tan listas no pudieron encontrarle solución a un problema tan simple.

He perdido tu voz. Tengo a cambio una verdad incompleta y una necesidad: una urgencia de adivinar lo que no se dice. Tú te alejas envuelta en un oscuro manto de silencio. El guion es el mismo que las otras veces: otra vez soy el mejor, el amor de la vida de alguien, el tuyo, quizá. Otra vez los peros y los puntos suspensivos y la negativa y la indefinición. ¿Por qué? Un “no te quiero” sería mucho más simple y certero. Tampoco tú puedes dormir, lo sabemos, lo sé.

Y yo, ¿qué puedo decir yo cuando no hay espacio para contra-argumentar? Tú ya has decidido colocar un punto final que para mí es unilateral y egoísta. Desde hace días todo calla, todo es silencio (el silencio es el más incómodo de los ruidos). Esto que teníamos se ha terminado, lo terminaste tú, de manera tajante, sin transiciones, muchos días antes de esta taza de café. Entiendo mi condición de exilado y no pienso desgastarme en pedir explicaciones, no exigiré que luches al menos un poco. Entiendo mi condición de persona que ama, que suelta, que deja ir, para que la otra encuentre su camino por sí sola. (Eso que acabo de escribir es mentira, lo acepto, pero no lo entiendo. De hecho, no sé cómo hacerlo porque hace tiempo asumí todos los riesgos, incluso el que implicaba dejarme domesticar, renunciar a mi soledad, a mi libertad, por tener algo contigo y esto es lo que pasa). ¿Cómo puede asumirse tanta libertad que me arrojas al pecho así, de golpe?, si ahora, de las alas que me regalaste, solamente conservo una y esa no me sirve para volar.

sábado, 2 de febrero de 2019

Entre las brumas del ensueño






Entre las brumas del ensueño 
mi consciencia
torpemente
se abre paso 
en la penumbra viscosa
para llegar hasta la luz

Tambores africanos 
raíces que la sangre no olvida
razas originarias
                           fuego
tormenta de imágenes desenfrenadas


La misma cita en el lugar de siempre
Un déjà vu
                   un ciclo
                                  una pintura


El mismo templo de piedra
siempre a las dos de la tarde 

Como si nunca nos hubiésemos alejado
coincidiremos 
junto a la reja de hierro
justo abajo del reloj

¿Qué será diferente esta vez? 
                                                               ¿Pueden los abrazos ser más cercanos de lo que ya lo han sido? 

He sentido mi corazón bombear la sangre 
latido a latido 
                      junto al suyo
Escucho su voz 
preguntándome por qué la beso. 

Pero no es su voz 
porque en este tiempo y este espacio 
                                                          ella no está
                                                                            no existe


No sé cuántos días
                                meses 
                                            eones 
habrán de pasar antes de que volvamos a coincidir 
en el mismo edificio de piedra 
junto a la reja de hierro 
a la misma hora
                            bajo el mismo reloj


(Acaso pudiera ser ahora y aquí

                    acaso nunca
                                  acaso ya se habrá ido)

Quiero atender al tono suplicante de su nota 
quiere verme
                     necesita hacerlo 
Una urgencia de enfermedad y de muerte

La banca de hierro
                             su cabeza entre mis piernas 
intrusa entre mis paredes 
            envueltos en una manta
                         y las sonrisas

Mis labios esperan 
la cálida caricia de sus senos 
Ha llegado el tiempo 
de atender los asuntos pendientes
de responder aquellas preguntas 
a las que tanto teme