sábado, 29 de agosto de 2009

Un día cualquiera


-Chabelita, ¿Podría traerme la correspondencia semanal, por favor? ¿ Y un café bien cargado?
-Claro, Sr. Borracho. Por cierto, traigo puesto lo que me regaló...
-Perfecto. Ven entonces. Quiero saber cómo se te ve.


-¿Llamó usted?
-[Tragando saliva]. Si, señorita Madow. ¡Caray! ¡Que literal es usted! ¿Cómo le quedó?
-¡Muy bien! Para no tener cinta de medir y haber sacado mi talla a cuartas, tiene usted muy buena mano...
-Lo sé. Por cierto, le queda bien el rojo... ¿Alguna novedad?
-Creo que no... ¡Ah, si! Le dejaron esto en recepción.



La señorita Madow entrega una nota escrita en un papel bond de color rosa. Impreso en computadora. Obviamente, buscando anonimato.


"¿Qué hacer cuando quieres y deseas hacer algo pero sabes que no debes? ¿Conoces la respuesta?

Atentamente: Pequeña traviesa."



Ya tengo mi editorial, pensó Borracho.



-Muchas gracias, Chabelita. Te encargo que le preguntes a Parker si ya tiene las fotos que le pedí para la primera plana. Pero vístete primero.
-Claro, Señor Borracho. Y, gracias... por el regalo... y por todo. [Sonrisa pícara]. Con su permiso...
-Propio... [Gracias a ti... mmm...]



Editorial


Mi querida Pequeña traviesa, lamento decirte que te diriges a la persona menos adecuada. No soy yo quien pueda sugerirte qué hacer en un caso como ése, porque simplemente, no acostumbro a quedarme con las dudas.

Me explico: Yo soy de esas personas que se aventuran a hacer las cosas, por mucho riesgo que exista, por mucho que tenga que perder [en ocasiones todo]. Algunas veces han llegado a mi los remordimientos, tengo que aceptar, pero el placer de haber hecho eso que deseaba y era tan prohibido, nadie me lo quita... Nadie me lo quitará.

Sé que existen personas que pueden poner en la balanza lo que tienen y lo comparan contra lo que pueden perder en un instante, si se dejan vencer por la tentación. Mis respetos para ellos. Yo no puedo ser así.

Lamento si no te puedo ayudar en ésta oportunidad, pero he querido ser sincero y contestarte de la manera más honesta posible, en que el editor de una publicación como esta lo puede hacer.

Sólo te dire que, si dudas, no lo hagas... Ahora que, si ya lo estás haciendo, pues ¡disfruta!, que para eso venimos a este mundo, ¿o no?


¡Salud!


Atentamente: J. J. Borracho.

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-¡Parker! ¡Parker! ¿Dónde se habrá metido? Chabelita... me puede comunicar a recursos humanos por favor?
-Un momento por favor. Listo.




-¿Aló?
-¿Señorita Isela Toro?
-Si.
-No encuentro a Parker, ¿qué sabe de él?
-Oh, renunció esta mañana, Señor. Problemas personales... ya sabe... sentimentales.
-¿Otra vez la tal María Juana?
-No... Este... Cómo decirlo... Él está enamorado de su secretaria, Señor.
-No me digas que él...
-Si... Él ama a Madow.
-Lo supuse.





Jajaja... ¡Salud!





viernes, 28 de agosto de 2009

Nena, nunca, nena



Nunca, nunca, nunca me brindes un trago, nena,
que soy capaz de aceptarlo.

Nunca prometas un beso, nena,
soy capaz de arrebatarlo.

Nunca me niegues las horas, nena,
soy capaz de no contarlas.

Nunca me muestres las piernas, nena,
soy capaz de lengüetearlas.

Nunca me digas te mato, nena,
que soy capaz de matarte,
de matarte a besos, nena,
de besos asesinarte.

Nunca me nieges tus pechos, nena
soy capaz de alimentarme.

Nunca, nunca me muestres tu ombligo, nena,
soy capaz de enamorarme.


Que nunca nos falte el pan
y que nunca nos falte el vino,
que nunca nos falte nada, nena,
vena, vena, vena, nena, nena, nena, vena,
dame una cena con avena y, vena, ven aquí conmigo.


Que nunca nos falte nada,
que nunca nos falte el vino,
que no nos falte la suerte,
tampoco el panteón taurino...




Tomado del disco Canciones del Estribo. Disco 2 [ebrio]. Armando Palomas.


lunes, 24 de agosto de 2009

Para entonces


Cuando decidas matarme, te pido por favor, que no seas violenta. No me gustaría terminar regado por todo el departamento ni metido en una hielera. Ya sabes cómo soy cobarde para el dolor.

Te propongo algo: consigue veneno y ponlo en la comida. Prepara pasta. Una buena ensalada. Lomo o pierna, tú decide. Conoces mi debilidad por los comestibles y, además, ya sabes lo carnívoro que soy. Si quieres añadir el veneno en el aderezo de la ensalada, está bien. O en mi copa de vino tinto. Tal vez en el postre, para que sea una muerte más dulce. En un chocolate tal vez... Sí: Chocolate relleno de cianuro, cubierto con almendras. ¿Te agrada la idea? Luz de velas para completar el cuadro...

Si no quieres molestarte en cocinar mi última cena, te sugiero entonces que coloques el veneno en mi botella de tequila. Esa que me regalaste el día de mi cumpleaños y que hemos reservado para una ocasión especial... y nada tan especial como el preámbulo de mi muerte, ¿no crees?

¿Te imaginas? Morir así, borracho, caer dormido sobre nuestras sábanas y dejarme ir... No despertar jamás...


-Oye, y si fueras tú quien decidiera matarme a mi, ¿cómo lo harías?
-A besos corazón. Te mataría con besos...





¡Salud!




sábado, 22 de agosto de 2009

¿Jugamos?



-Mira: no sabía que había mesas de billar en este bar... ¿un jueguito?
-No sé. La verdad, hace mucho que no juego, y soy muy mala, además.
-No te preocupes, yo tampoco soy bueno para esto, pero se me hace divertido.
-Y, si no sabes, ¿por qué se te hace tan divertido?
-Digamos que todo está en creer.
-¿Cómo?
-Si. En creer que la pelotita a la que le tiras va a entrar... Cómo explicarlo... Confiar. Esa es la palabra. Debes confiar en que harás un buen tiro y, la mayoría de las veces, funciona. Como todo lo demás en la vida. Pero hay que intentarlo....
-Lo intentaré entonces.
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-¿Viste? ¡Tres de un tiro!
-¡Wow! No sabía que yo podía tirar así.
-Te lo dije: cuestión de confiar. Además eres buena alumna.
-No es eso. Lo que pasa es que tengo un buenísmo maestro.
-Jajaja... Lograrás que me sonroje... ¿Otra ronda de chelas?
-¡Por supuesto!
-¡Salud!
-¡Salud!

miércoles, 19 de agosto de 2009

Hithcock


Por eso me encanta esta ciudad. Encuentras de todo. Y ¡gratis!

Ayer salí al centro de la ciudad. Necesitaba respirar un ambiente diferente. Y no. No es que no me guste estar en mi casa. Pero ayer si se me antojaba salir a caminar.

Recordé que había visto carteles acerca de proyecciones de películas de Hitchcock y fui a buscar la información, pero, oh sorpresa, algún infeliz transeúnte arrancó la publicidad y no sabía donde más buscar.

Casi chillo.

Sin embargo, por azares del destino, alguien me preguntó:

-¿Buscaba algo jóven?
-Si. Una proyección de Hitchcock. -Dije, sin hacer mucho caso.
-Ah pues entonces va usted en la dirección equivocada. Lo más seguro es que sea frente a la biblioteca pública, a un lado del café...
-[Wow, muñeca. Te besaría si no tuviera tanta prisa] ¡Muchas gracias, señorita!

Alcancé lugar todavía y disfruté Shadow of a Doubt, entre gente de Hungría, Francia y Alemania. Todos, unidos por el placer del cine.

Afuera llovía. Se podía sentir en el ambiente. Me imaginé las gotas de lluvia rebotando en las aceras de cantera de mi hermosa ciudad.

Lo único que me faltó para que fuese perfecto del todo, fue un buen café... Y alguien [] con quien comentar la película...

Ni modo. Ya habrá más oportunidades.

Por ahora, ya lo decidí. Otra vez el próximo Martes. A la misma hora... y por el mismo proyector de películas viejas...


¡Salud!


sábado, 15 de agosto de 2009

Nada más...


-¿Qué sucede?
-No es nada.
-[...]
-Es que... No nada, Manuel. De veras.
-Rosario, sabes cómo me molesta que hagas eso.
-Si. Lo sé. Discúlpame. No lo puedo evitar... Soy mujer, ¿recuerdas?
-Discúlpame tú a mi, preciosa. ¿Te parece si volvemos a comenzar?
-Ok...
-¿Qué tienes?
-Me siento triste.
-¿Por?
-Creo que no soy importante en tu vida...
-Claro que lo eres.
-No sé... Siento que de alguna manera, no te tengo.
-¿Cómo?
-Que no eres mío del todo. Hasta ahora lo único que tengo es Nocturno, pero nada más...
-Ja...
-¿Qué?
-Tal vez tengas razón. ¿Qué tienes de mi? Sólo mis poemas, mis canciones, mis besos y mis rosas. Mi pensamiento por las tardes, cuando éstas se tiñen de anaranjado y en las noches de luna. Mi pasión y mi piel... Es decir, realmente nada.
-Perdóname, no quise decir...
-No importa. Lo dicho, dicho está... Por cierto, yo también quería decirte un par de cosas...
-Me asusta tu tono... ¿Qué cosas me quieres decir?
-"Pues bien, yo necesito decirte que te quiero, decirte que"...
¡Bah! Tú ya lo sabes...




Adiós...
...

viernes, 7 de agosto de 2009

2009, dedicado a Sabines...


Recuerdo que un día le recomendé a la florecita que leyera a Jaime Sabines, y cuando le comenté que eran poemas ya no le agradó tanto la idea. Pues bien, para ella y para todos los que no conocieron a este chiapaneco, les dejó uno de sus poemas, uno de los que más me gustan. Uno de los que mejor saben con tequila...


ENTRESUELO


Un ropero, un espejo, una silla,
ninguna estrella, mi cuarto, una ventana,
la noche como siempre, y yo sin hambre,
con un chicle y un sueño, una esperanza.
Hay muchos hombres fuera, en todas partes,
y más allá la niebla, la mañana.
Hay árboles helados, tierra seca,
peces fijos idénticos al agua,
nidos durmiendo bajo tibias palomas.
Aquí, no hay una mujer, me falta.
Mi corazón desde hace días quiere hincarse
bajo alguna caricia, una palabra.
Es áspera la noche. Contra muros, la sombra
lenta como los muertos, se arrastra.
Esa mujer y yo estuvimos pegados con agua.
Su piel sobre mis huesos
y mis ojos dentro de su mirada.
Nos hemos muerto muchas veces
al pie del alba.
Recuerdo que recuerdo su nombre,
sus labios, su transparente falda.
Tiene los pechos dulces, y de un lugar
a otro de su cuerpo hay una gran distancia:
de pezón a pezón cien labios y una hora,
de pupila a pupila un corazón, dos lágrimas.
Yo la quiero hasta el fondo de todos los abismos,
hasta el último vuelo de la última ala.
cuando la carne toda no sea carne, ni el alma
sea alma.
Es preciso querer. Yo ya lo sé. La quiero.
¡Es tan dura, tan tibia, tan clara!


Esta noche me falta.
Sube un violín desde la calle hasta mi cama.
Ayer miré dos niños que ante un escaparate
de maniquíes desnudos se peinaban.
El silbato del tren me preocupó tres años,
hoy sé que es una máquina.
Ningún amor mejor que el de todos los días
a cada cosa, en cada instante, alta
la sangre iluminada.


Desamparada sangre, noche blanda,
tabaco del insomnio, triste cama.


Yo me voy a otra parte.
Y me llevo mi mano que tanto escribe y habla.


[Jaime Sabines. Recuento de Poemas]



Tú... Tú ya sabes por qué me gusta...

¡Salud!




sábado, 1 de agosto de 2009

Oh, yo no sé


-¡Borracho!
-¡Qué pedo!
-Saca tu guitarra wey... Aviéntate una rola...
-Ja... ¿Seguro?
-Simón.
-¿No importa que tu abuelita y tu hermana estén en la fiesta?
-¿Pues que vas a cantar cabrón?
-Una rolita chida.
-Hijo de tu... Pero nomás por la pura pinche curiosidad de saber con qué pendejada vas a salir ahora, no importa... Échale.
-Sale pues, esta rola es del Señor Rockdrigo González y se llama:


Oh, yo no sé

Oh, yo no sé por qué no me las sueltas,
si te aviento choros y te doy mil vueltas,
hasta soy cuaderno ya de tus papás,
le doy pa' su chela a tu hermano el rapaz.

Oh, yo no sé por qué no me las das.
Si agarras la onda, te alivianarás
y si me las sueltas al grito de ¡zaz!
en viaje muy chido tú te meterás.

Tú te meterás
en un viaje muy chido,
en un viaje muy chido
tú te meterás.

Oh, yo no sé por qué no me las prestas,
si te hago regalos y te llevo a fiestas,
te invito a cenar al mejor restorán,
te llevo en mi carro hasta Atizapán.

Oh yo no sé por qué no te alivianas,
de soltar la luz, se me quitan las ganas,
si yo ya te dije que me iba a casar,
con solo tantito nada va a pasar.


Nada va a pasar
con solo tantito,
con solo tantito
nada va a pasar.


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[Días despúes]


-¿Y ahora esa cara? ¿Qué traes?
-Cabrón... mi abuelita sigue tarareando esa pinche rola todo el día...
-Tiene buen gusto la viejita... Oye, ¿y tu hermana?




¡Salud! ¡Por las abuelitas rockeras!