sábado, 1 de junio de 2019

Hoja 6


BALBUCEO



         

Las esperas me dan lo mismo, igual que esta voz que presiento lejana, que habla de realidades que poco me importan y que finalmente se diluye por completo. La garganta es un nudo de cosas que sé y que a nadie puedo contarle: verdades que se callan a falta de oídos que las entiendan. La confusión se esconde detrás del tiempo en sus pestañas. Mi soledad dice que complicamos las cosas, que juntos complicamos las cosas y ha decidido guardar silencio. Tengo el secreto de las palabras guardado a la mitad de un libro de poemas. Le ofrezco cerrar el libro para siempre, le ofrezco mi propio silencio.

Alguien cree que ha visto a lo que queda de mi sombra vagar por las calles de esta ciudad de piedra, hablando con alguien que no existe, besando el aire decir su nombre.

Los perros son agudos, como el rechinar de las puertas oxidadas o el llanto de los bebés con hambre. El agua fluye dentro de una caja de cartón, amarrada con listones rojos a las orillas de mis tímpanos. Por fin se disuelve. Mis ojos arden, los perros siguen.

La mujer del sombrero lee un libro sin final. No me mira. Nunca me ha mirado, no sé de qué color son sus ojos. Los autos, las llantas de los autos reviven las cicatrices de una ciudad de piedra que me protege a pesar de todo. Yo solo pienso en el camión de la basura y en el hambre que tengo. Respiro profundamente. El dolor, el pinchazo agudo del dolor en mi espalda me obliga a decidir: a terminar el párrafo aquí, en este punto y aparte.




sábado, 16 de marzo de 2019

Luna






Las delicias recién descubiertas de una lengua que besa 
como si fuese un ser vivo
húmedo 
viscoso y palpitante
agazapado y monstruoso 
al fondo de la cavidad oral

Pide
        exige besos imaginarios
                                                besos tan falsos
como lo que ella cree que existe entre los dos
un relámpago de vida en su sencilla existencia 
de mujer y amante 
en un pueblo demasiado pequeño 
para su pasión y para su mala suerte

Imágenes en las paredes
ídolos de arcilla 
rostros famélicos iluminados con veladoras de siete pesos
la virgen de Guadalupe
la madre machista y sobre-protectora 
el novio con un hijo de otra relación
                                          y un espejo donde no quiere verse

Una mujer baila al ritmo de sus cicatrices sobre una caja musical
el nombre que acude a mis labios tiene un dulzor amargo
me evoca la salvaje masturbación de esta mañana fría
de besos que se mezclan con los nombres y con los sueños

Luna vuelve con más urgencia de caricias imaginarias
suplica lo más violento que hay en mí
finalmente comprendo lo que desea
                                                            palabras
la emoción de las palabras
sentir que hay palabras para ella

Tengo unas cuantas que me sobran

y yo quiero eso que ella me da
incluso antes de tocarla
Su desesperación me alimenta
                                                   y sus lágrimas también

sábado, 2 de marzo de 2019

Dioniso


El Dios del vino y de la locura mística



         Hace mucho tiempo, cuando los dioses aún caminaban por la tierra, Zeus –el poderoso Zeus–, se encontró con una hermosa mortal, proveniente de Tebas: la bella y rubia Sémele y se sintió atraído hacia ella de manera inmediata. Esto no era raro en el magnífico Dios, pues tenía una larga lista de conquistas en su haber: Metis, Temis, Eurinome, Deméter, Mnemosine, Leto, Dione, la náyade Maya, Alcmena y Danae. Sin embargo, había algo en esta mujer que atrajo al Dios a grado tal, que, en un arranque de pasión desmedida, le juró amor eterno en un paraje del río Estigia y realizó con sus perfumadas aguas una significativa y mágica ceremonia: escribió en la arena de la playa una declaración en la que decía que a partir de ese momento no existiría ninguna otra mujer para él y que siempre cumpliría todos sus deseos. 
Cuando Hera –que ya estaba cansada de las infidelidades de su marido, las cuales eran muchas– se enteró de aquello, urdió un plan para vengarse de la mortal que se atrevió a posar sus ojos en quien ya tenía dueña. Así que decidió transformarse –era una Diosa y podía hacerlo– en la aya de Sémele y tenderle una trampa.

         Imaginemos la escena.

–Oye, me enteré que traes un nuevo galán, ¿es eso cierto?
–Es verdad, pero es un secreto, ¿cómo es que te enteraste si yo no le he contado a nadie?
–Mañas que tiene una. Y ya que estamos en confianza, ¿por qué no me dices quién es?
–No, no puedo. Te lo dije, es un secreto.
–Claro que puedes, cuéntame, ¿sí?
–Está bien, pero solo porque se trata de ti, Beroe. Mi amante es nada menos que el mismísimo Zeus.
– ¡Mentirosa!
–¡Es la verdad!
–¿Quién te dijo que era Zeus?
–Él me lo dijo.
–Pero eso dicen todos los dioses cuando se quieren merendar a una palomita como tú, mi niña. Él no es Zeus.
–Claro que lo es.
–No estás segura. Pídele que te lo demuestre.
–¿Qué le digo?
–Que se manifieste en toda su potestad, que se muestre ante ti como es realmente.

         Y así lo hizo. El plan perfecto de la hermosa Hera dio resultado y Sémele pidió a Zeus que se mostrara tal cual era. El Dios, dudó mucho para complacerla, sin embargo Sémele –como saben hacer las mujeres– le recordó la promesa que se le había hecho junto al río Estigia y entonces no tuvo más remedio que aceptar. Una de las formas conocidas de Zeus es el fuego celeste y al mostrarse de esta forma carbonizó a Sémele, quien cayó muerta.

         Dos cosas se pueden apreciar: el grado de maldad calculada que puede alcanzar una mujer llena de celos y ansiosa de venganza y el poder de manipulación que tiene una mujer sobre un hombre (o Dios) con el que ha tenido sexo.

         En el vientre de Sémele se encontraba el pequeño Dioniso, fruto del amor (por llamarle de alguna manera) entre Sémele y Zeus. Éste último alcanzo a rescatarlo y con ayuda de Vulcano, logró insertarlo en su muslo izquierdo, para que ahí terminara la gestación. Cuando Dioniso nació (por segunda vez), fue entregado a Hermes y éste lo llevó con su tío, el Rey Atamante y su esposa Ino, donde fue vestido como niña para que Hera no lo descubriera. Esto no funcionó mucho tiempo. El propio Zeus convirtió al niño en cabrito para ocultarlo y en ese estado se lo entregó a unas ninfas para que lo criasen. Dioniso –siempre perseguido por Hera que insiste en matarle–, tiene que viajar mucho: es un dios viajero. Es alegre y festivo, aunque puede ser terrible. A menudo viaja en un carro tirado por leopardos, acompañado por un cortejo de Sátiros y Ménades. Es el dios de la viña, del vino, del éxtasis místico provocado por la embriaguez. Él es el encargado de transmitir a los hombres los conocimientos de la vid y la viña. Es un hacedor de locura, un hechicero, un animal suelto. Es por tanto, el único en el panteón griego que es un dios enloquecido, pero con una locura hasta cierto grado positiva, entusiasta; es un dios del frenesí, del entusiasmo que reanima los cuerpos.

         Esta parte del mito es la que más me gusta:

         Dioniso llega a Tebas y busca a las mujeres de la ciudad para que participen de sus fiestas llenas de pasión y de lujuria. Quien gobierna Tebas es Penteo, primo de Dioniso y su opuesto: Dioniso es errante, orgiástico y libre; Penteo está encerrado en la ética, el matrimonio y el sedentarismo, lo cual le genera un gran conflicto, por lo que decide perseguir al ejército de mujeres de Dioniso. Éste le confronta y le lleva al bosque, donde Penteo contempla a las mujeres tebanas en sus éxtasis Dionisiacos y sufre una visión terrible: su propia madre participa de aquellas ceremonias bacantes (oh sí, Baco es el equivalente romano del Dioniso griego).

         Ah, los griegos y sus historias llenas de sexo, traiciones, infidelidades, lujuria y excesos… Interesante, ¿no lo creen?


Si desean conocer un poco más acerca de esta historia y de su influencia en las artes, les recomiendo comenzar por consultar o buscar lo siguiente:

 El origen de la tragedia, Friedrich Nietzche. (Libro)
 Las Ménades, Julio Cortázar. (Libro)
 Los borrachos, Velázquez. (Pintura)
 La bacanal de los andrios, Tiziano. (Pintura)
 Baco, Jules Massenet. (Ópera)

¡Salud!

sábado, 16 de febrero de 2019

Hoja 5

ENTRESÁBANAS




Sigo metido en la cama, entre las sábanas, pero estoy despierto, completamente despierto. Escucho los ruidos que vienen de la calle, la música en casa de los vecinos que quisiera contrarrestar con la estridencia de un disco de metal. Ella también resuena en los ecos de mi memoria, pidiendo eso, precisamente: que ponga música. Le asusta el silencio de esta casa, le asustan sus propios gritos. Después se pierde en la delgada frontera donde se entrecruzan las realidades y la música o el silencio dejan de importarle un carajo. Imagino su cuerpo, dilatado al calor de mis brazos, respondiendo a la eléctrica sensación de mis dedos que avanzan suavemente por su espalda. Su cuerpo y el mío se entienden, se reconocen. Más aún: ella desconoce muchas cosas de su cuerpo que yo sé. 

Pienso en el texto que me pidió y que pronto pintaré con besos en la piel de su espalda. En un mínimo de palabras, la idea de eternidad que nos vincula desde el principio, desde que coincidimos por primera vez: la entrega, la posesión, la toma, la dominación salvaje... En un mínimo de palabras, nuestra propia tabla esmeralda.

Su recuerdo y el delicioso aroma de su piel en esta cama me ha excitado los sentidos y despertado en mí el deseo de poseerla nuevamente, de entregarnos al goce de los cuerpos sin preguntas ni porqués, al margen de cualquier vestigio de cordura: básica e instintivamente, como animales salvajes, sin nada que perder, sin pronunciar nuestros nombres, sin recurrir a conceptos tan gastados, nocivos e innecesarios como el amor, que pudiesen arruinarnos el momento...

Entre el onanismo y su recuerdo, miro cómo se va elevando el día más allá del cristal de mi ventana.

sábado, 9 de febrero de 2019

Hoja 4


UN ALA, SOLAMENTE...





“De las alas que me regalaste, solo me queda una. Y esa no me sirve para volar.”

Mi mente es un tropel de imágenes desenfrenadas, vorágine de ideas inconexas, la sensación amarga y reseca de una noche de insomnio. Lo curioso es que antes de ti, yo nunca había tenido insomnio ni había bebido alcohol antes del desayuno, como lo hago ahora. Tú me representas la primera vez de muchas cosas, en diversos sentidos y también el regreso a costumbres que tenía olvidadas. Tú me haces sonrojar y yo jamás me sonrojo… Y luego la ausencia y el silencio. ¿Por qué te desvaneces así? ¿Qué juego perverso es este? Tú y yo pensamos. Pensamos demasiado, para nuestra desgracia y, por lo mismo, por esta necedad de seguir pensando es que no puedo dormir. Pienso en tus excusas sin sentido, sin validez, sin soporte ni lógica. Me molesta el alarde con el que hablamos de nuestra inteligencia. Si fuésemos tan inteligentes como creemos, esta separación no tendría razón de ser. Me haces odiarte y odiarme a mí con la misma intensidad con la que te amo. He vuelto a las viejas costumbres, a rutinas que tenía olvidadas. He vuelto a usar reloj: ese afán masoquista de registrar el tiempo en que ya no estás. El mismo afán masoquista que mantiene tu cepillo de dientes en el vaso, pensando que tal vez mañana despiertes aquí, cobijada en estos brazos. La cabeza me duele, de tanto pensar, quizá, o por la falta de sueño o por mi recién adquirida costumbre de beber mezcal apenas despertar; o la otra, la de dormir con las mandíbulas apretadas cuando logro hacerlo. También he llorado, pero no tengo ninguna duda de que eso tú ya lo sabías.

Aquí, conmigo, llevo tus besos, los te amo, la certeza de un amor para toda la vida que se desgasta tratando de comprender por qué dos personas que se dicen tan listas no pudieron encontrarle solución a un problema tan simple.

He perdido tu voz. Tengo a cambio una verdad incompleta y una necesidad: una urgencia de adivinar lo que no se dice. Tú te alejas envuelta en un oscuro manto de silencio. El guion es el mismo que las otras veces: otra vez soy el mejor, el amor de la vida de alguien, el tuyo, quizá. Otra vez los peros y los puntos suspensivos y la negativa y la indefinición. ¿Por qué? Un “no te quiero” sería mucho más simple y certero. Tampoco tú puedes dormir, lo sabemos, lo sé.

Y yo, ¿qué puedo decir yo cuando no hay espacio para contra-argumentar? Tú ya has decidido colocar un punto final que para mí es unilateral y egoísta. Desde hace días todo calla, todo es silencio (el silencio es el más incómodo de los ruidos). Esto que teníamos se ha terminado, lo terminaste tú, de manera tajante, sin transiciones, muchos días antes de esta taza de café. Entiendo mi condición de exilado y no pienso desgastarme en pedir explicaciones, no exigiré que luches al menos un poco. Entiendo mi condición de persona que ama, que suelta, que deja ir, para que la otra encuentre su camino por sí sola. (Eso que acabo de escribir es mentira, lo acepto, pero no lo entiendo. De hecho, no sé cómo hacerlo porque hace tiempo asumí todos los riesgos, incluso el que implicaba dejarme domesticar, renunciar a mi soledad, a mi libertad, por tener algo contigo y esto es lo que pasa). ¿Cómo puede asumirse tanta libertad que me arrojas al pecho así, de golpe?, si ahora, de las alas que me regalaste, solamente conservo una y esa no me sirve para volar.

sábado, 2 de febrero de 2019

Entre las brumas del ensueño






Entre las brumas del ensueño 
mi consciencia
torpemente
se abre paso 
en la penumbra viscosa
para llegar hasta la luz

Tambores africanos 
raíces que la sangre no olvida
razas originarias
                           fuego
tormenta de imágenes desenfrenadas


La misma cita en el lugar de siempre
Un déjà vu
                   un ciclo
                                  una pintura


El mismo templo de piedra
siempre a las dos de la tarde 

Como si nunca nos hubiésemos alejado
coincidiremos 
junto a la reja de hierro
justo abajo del reloj

¿Qué será diferente esta vez? 
                                                               ¿Pueden los abrazos ser más cercanos de lo que ya lo han sido? 

He sentido mi corazón bombear la sangre 
latido a latido 
                      junto al suyo
Escucho su voz 
preguntándome por qué la beso. 

Pero no es su voz 
porque en este tiempo y este espacio 
                                                          ella no está
                                                                            no existe


No sé cuántos días
                                meses 
                                            eones 
habrán de pasar antes de que volvamos a coincidir 
en el mismo edificio de piedra 
junto a la reja de hierro 
a la misma hora
                            bajo el mismo reloj


(Acaso pudiera ser ahora y aquí

                    acaso nunca
                                  acaso ya se habrá ido)

Quiero atender al tono suplicante de su nota 
quiere verme
                     necesita hacerlo 
Una urgencia de enfermedad y de muerte

La banca de hierro
                             su cabeza entre mis piernas 
intrusa entre mis paredes 
            envueltos en una manta
                         y las sonrisas

Mis labios esperan 
la cálida caricia de sus senos 
Ha llegado el tiempo 
de atender los asuntos pendientes
de responder aquellas preguntas 
a las que tanto teme

sábado, 26 de enero de 2019

Mal sueño





       pesadilla que no te deja dormir

La vanidad me hace creer
que puedo protegerte de un sueño

El pequeño instrumento cargado de magia
hilo / piedras / plumas y amor

(sí
desde entonces
aunque ninguno quisiera aceptarlo)

La mujer de mi sueño sentada en el auto
la portezuela abierta
El doppelgänger 
mi rostro en forma de máscara

Me/Se acerco/acerca

Te besamos en los labios
            sientes miedo de la tranquilidad
            que encuentras en el roce de estas manos

No te lo puedes permitir
aunque lo deseas
con toda la intensidad de un corazón
que sigue siendo pequeño

No te lo puedes permitir 
                                       No todavía
                                                          Aún no

Hoja 3


CONECTADOS





Despierto tarde. Siento el impulso de hacerte saber que estoy vivo, tal como tú lo haces. Uso tus palabras y, para mi sorpresa, esta vez no hay reproches. 

La memoria se abre frente a mí, como las hojas de un álbum de recuerdos. Un año lleno de magia y en ninguna de las postales tu rostro. Sonreímos en extremos opuestos del mundo, conectados por la luminosa fragilidad de un hilo color de luna. A pesar de todo, estás ahí. Siempre estás. Y yo, en uno de los rincones más fríos de esta ciudad de piedra, me alegro de haber recuperado tu voz y tus palabras y mi nombre dicho por tus labios.

Palabras, otra vez las palabras.



sábado, 19 de enero de 2019

Hoja 2



SOLSTICIO




El frío es una certeza que entra por la ventana. Es ella la primera en acudir. Volvemos al asunto de la memoria, de su memoria. Sabe de los besos, pero no los recuerda. Asumo que yo mismo me estoy convirtiendo en algo similar a ella o que quizá siempre he sido así y no había querido aceptarlo. Hace exactamente una semana que le abrazaba.

Suena el teléfono. Es ella. Quiere que recuerde esa noche. Vuelven a mí las imágenes, mas no las de la pasión, sino las del remanso, cuando le abrazo de otra manera que, a pesar de todo, también le hace sentir cuánto me pertenece. El contraste de temperaturas entre dos cuerpos desnudos que se reconocen. Sus tetas de mujer de cuarenta y tantos se diluyen entre mis manos, resbalando inevitablemente hacia sábanas manchadas de mil besos que pinté en su espalda. Ambos, tan distantes, tan presentes… Ella, en su lado del mundo, espera a que se caliente su té, y yo, en la ciudad de piedra, me dispongo a sumergirme en una rutina que me rescate de la otra, que me salve de lo que soy, de lo que siempre he sido. 

Colgamos.

sábado, 12 de enero de 2019

Hoja 1


ANTES DEL SOLSTICIO




El lugar común es la hoja en blanco sobre la que no puedo escribir, terapia sugerida por el poeta triste, para vomitar lo que es necesario decir. Los minutos se arrancan a la carátula del reloj, como las hojas de libreta que sigo lanzando contra la ventana. Un diario. Nunca he llevado un diario. ¿Qué día es hoy? ¿Qué día es el que estoy viviendo? ¿Vivo realmente? El invierno comienza mañana y la luna suplica un poco de amor, un beso: palabras. Yo accedo por aburrimiento, por lástima o porque sí. Besos ficticios, imaginarios, besos que se desgranan en camas separadas por algo más que la distancia.

Se dice lo que alguien quiere escuchar, se escribe lo que alguien quiere leer. Entrego mis textos a cambio de besos imaginarios, los prostituyo (¿o son los besos los que se prostituyen a cambio de un poco de tinta, de un poco de cariño y atención?). La ciudad de piedra es más fría en el poniente. Gritos fríos se escuchan allá afuera, objetos que se estrellan en mil pedazos. La ciudad de piedra es fría y está más viva que nunca.

sábado, 5 de enero de 2019

ATRAPASUEÑOS



Suelo blanco
árido

desértico
Mis pies se mueven
automáticos
hacia el monolito
La vegetación escasa y necia
insiste en sobrevivir donde parece imposible
La tienda de magia es una casa de madera
las vigas impiden que las ventanas se cierren
Aquí todo evoca silencio

Colgados de la viga
siete mágicos instrumentos


lejos pero aquí
al mismo tiempo

Mi mano busca alcanzarlos
amarillos y pequeños
En la palma de mi mano
veo otro
de un color distinto a estos
el que nos vincula y representa
el que te protege de mí
tu mal sueño 
El que te regalé
para protegerte de mí mismo 
sin saberlo

Sueños premonitorios
a los dos nos han salvado los besos

Oráculos y ensueños
Satisfacción de los mensajes descifrados
Resolución
para amarte sin excusas
con la desesperada intensidad de un condenado a muerte
sin medir las consecuencias
porque un amor así es el que tú mereces