domingo, 12 de septiembre de 2010

Chango

This is my gift, muy curse... Who am I? I'm Spiderman.
Spiderman.


En un instante de paz espiritual y después de una ronda de chelas bien frías, vinieron a mi alcoholizado cerebro las siguientes conclusiones:

1. En ocasiones una misma pregunta puede tener  varias respuestas y ninguna de éstas ser catalogada como incorrecta.

2. En el momento en que una pregunta es formulada se debe estar consciente de que la respuesta  puede ser o no de nuestro agrado.


Pensando en lo anterior, recordé que la siguiente pregunta la he realizado muchas veces, a muy diversas personas y los resultados han sido siempre interesantes...


-¿Quién soy?


-Un vanidoso.
-Un soberbio.
-El borracho.
-El amor de mi vida.
-La persona que más odio.
-Un tipo un tanto vanidoso.
-Alguien que sabe disfrutar la vida al máximo.
-Un sin corazón.
-El idiota que me hizo llorar.

Y los etcéteras caen por racimos...


Una misma persona puede dar respuestas tan dispares como El amor de mi vida o La persona que más odio en la vida con solo alterar la variable t.

La impresión que las demás personas tienen de uno varía dependiendo del momento que vivas con esa persona en particular. Los contextos cambian aunque la pregunta no lo haga.

Si esa misma pregunta la hiciera en el marco de un diálogo intrapersonal, ¿Cuál sería mi respuesta?


Creo que para saberlo necesitaré seleccionar algunas opciones y alguien, en cierta ocasión, me dijo que a veces uno hace clic con las canciones. Hoy, yo busco ese clic...



Saltimbaqui , fogonero,
alquimista y basurero,
albañil de toboganes y doctor;
chamarra de doble vista,
super coco y antiartista,
catador de labios con alcohol;
taxista de corazones,
criminal de las canciones,
prostituto bailando danzón;
cantinero, fugitivo de ese tal Melchor Ocampo
y enemigo del beisból.
Paranoico, angustiado,
triste y diario envenenado,
buscador de mil pastillas y de musas,
me matan, me resucitan casi diario en los hoteles:
sobrevivo a las ruletas rusas.
Boy scout de los ombligos, traficante de ilusiones,
matador sin matar nada,
gambusino de la orilla de tu boca corazón,
de tus besos en la madrugada
y además...

Soy tu chango.

Hipocondriaco hasta el culo, soy el rey autorecetas,
sonorizo porno tracks en los hoteles;
doctorado en la mentira,
cuando digo soy tu dueño,
Juan Pestañas nunca tuvo sueño.
Centinela y guerrillero y con lengua de metralla,
talibán de mi conciencia,
sobreviviente del humo, del smog de los mediocres,
enfiestado por excelencia.
Caminante de pantanos que manchan tu piel desnuda,
esclavo de las esclavas sin dueño,
artesano de la noche, muy amigo de tus senos,
enemigo del manual de Carreño
y además...

Soy tu chango.*




Tal vez... Y sólo tal vez, la respuesta la encuentre en el fondo del  siguiente vaso de cerveza...


Salud.



[*Armando Palomas. Chango. Canciones del estribo.]

sábado, 4 de septiembre de 2010

Cosas de borrachos



Hoy se casó mi mejor amiga con otro buen amigo mío. Sólo por tratarse de ella me apersoné en la ceremonia religiosa. Tarde sí, pero llegué. Sin embargo a la fiesta si me presenté temprano. No podía faltar.

Ya comimos y el grupo musical comienza a tocar pa' que los comensales se levanten de sus lugares y empiecen a sacudir el bote.

Que bello cuando me amas así
y muerdes cada parte de mí...


Lo malo de estar sentado a una mesa de solteros treinta-ñeros es que no falta algún comentario depresivo, especialmente cuando ya estamos medio briagos.



-¡Ya todos se están casando, no manches! -Dice Humberto con una entonación que denota que ciertamente está preocupado.
 
 
Aquí entro yo, como siempre, sin más motivación que chingar al prójimo. Yo no tengo la culpa de ser fan del uso adecuado de las palabras...


-¿Cuál todos cabrón? Nomás porque la Chela se casó no significa que TODOS nos vayamos a casar...
-Bueno, eso sí. Al menos, no los que estamos en esta mesa... ¡Yo ni novia tengo!


Los cinco simpáticos individuos que estamos en la mesa nos miramos unos a otros. Yo hago un gran esfuerzo por no ser el desgraciado de siempre y decirle que no tiene novia por buei, por querer que todas sean rubias, de ojo azul, piel blanca y lo más difícil: que se enamoren perdidamente de él a primera vista... Sí como no.

Germán parece adivinar mis perversas intenciones y cambia el rumbo de la conversación.


-Pues hay qué conseguirnos una, ¿no?
-Está difícil -Dice Pável, moviendo la cabeza.
-No puedo creer que te escuché decir eso mi buen... Tú no.


Omar se limita a sonreir mientras Alejandro pone el desorden.


-Weyes, pues tan fácil, háganlo interesante: ¡Que sea una apuesta!


Humberto recobra el entusiasmo y dice:


-¡Sí! El que no tenga novia de aquí a fin de año, o sea el 31 de diciembre, pierde.
-Yo no juego.
-Y qué va a pagar el que pierda? -pregunta Germán.
-Una botella de tequila o dos cartones -Responde, o más bien grita Humberto.
-Borrachos tenían que ser... Yo no juego.
-Pero el Omar si tiene vieja -interrumpe Alejandro.
-Pues sí. Pero de aquí a Diciembre lo pueden mandar a volar -dice Pável categóricamente.


Yo no pude decirlo mejor. Pero lo que me molesta es que no me hacen caso. ¿Acaso mis gritos de YO NO JUEGO no se escuchan? Creo que ya nos atrofió los oídos la música de los Ángeles Azules.


-¿Por qué no quieres entrarle Borracho? -Pregunta Germán por fin.
-¡Y todavía me lo preguntan! Después de dos años de andar con la innombrable, ustedes creen que me quedaron ganas? Sí estos últimos meses de soltería han sido lo más maravilloso que me ha pasado en la vida! En estos momentos, ¡estoy enamorado de mi libertad!
-Tú tienes la culpa, Borracho, por ser un mandilón -dicen todos a la vez.


Omar me da una palmada en la espalda y me dice:


-Vamos a entrarle, total si no se hace nos ponemos pedos y ya.
-Interesante filosofía. Mañana mismo compro la botella para pagar mi apuesta. No pienso tener novia. Pondré todo mi esfuerzo en perder. Lo juro por...


Una discusión de borrachos solo puede ser interrumpida por una visión como la que acabamos de tener. Justo del otro lado de la pista, a un lado de la mesa de los novios, tres chicas esplendorosas, radiantes, hermosas.
Hacemos un esfuerzo por cerrar las bocas y no babear. Germán no puede evitar el comentario soez, pero certero:


-Qué sabrosas.
-Sí, sobre todo la del vestido rosa fuerte -agrego a mi vez, apreciando el buen gusto de mi amigo.
-¡Hay que sacarlas a bailar! -Dice Humberto emocionado.
-¿Y si no quieren bailar?
-Es una fiesta. Tienen que bailar.
-Sale. ¿Quien va? -Pregunta Omar.
-¿Un volado? ¿Un chin-cham-pú?
-¿Tú qué dices Borracho? ¿Borracho? ¿Borra... ¡Miren a ese cabrón! -Alcanzo a escuchar la voz de Germán mientras me señala con el dedo.


No tengo la culpa. Esas cosas me desesperan. En lo que ellos decidían yo ya estaba bailando con la niña del vestido rosita, que no es rosita sino como anaranjado. Es mucho más hermosa a 10 centimetros de mi rostro y que deliciosa fragancia...

La pieza termina y tengo que preguntarlo:


-¿Bailamos la que sigue?
-¡Claro! Oye,  ¿tú eres amigo de mi prima la que se casó verdad?
-Sí...


No puedo evitar voltear a la mesa donde están mis amigos. Todos sentados moviendo la cabeza en señal de desaprobación. Yo sigo bailando, aspirando el suave perfume de la hermosa chica que, justo ahora, tomo de la cintura.

Haydé... Se llama Haydé.



¡Salud!

sábado, 28 de agosto de 2010

Frente a la marquesina




El hombre cruzó sin prisa las calles encharcadas de la ciudad. Los ecos de sus pasos resonaban en las mojadas aceras de cantera. Sacó la mano izquierda del bolsillo de su chamarra de cuero y echó un vistazo al reloj de plata que le diera su padre antes de morir.


-La hora de las brujas -Dijo para sí, sonriendo.


No era una hora muy cuerda para estar caminando por la ciudad, pero esas caminatas nocturnas sobre calles recién bañadas de lluvia, el olor a cantera mojada, y la luna creciente que iluminaba sus hombros y espalda le hacían sentir increíblemente vivo.

Se detuvo frente a la marquesina del viejo cine. Aquél en el que viera las primeras películas, siendo apenas un niño. De vaqueros, recordó...

El viento fresco de la madrugada sopló con más fuerza, agitando su cabello negro, llevando consigo más olor a lluvia, cargado con recuerdos de viejos amores y aquellos mil besos jamás olvidados. 

Volvió hacia arriba la mirada para leer el título de la película que se había estrenado esa noche, apenas unas cuantas horas antes: Los hombres que no amaban a las mujeres.

No pudo evitar volver a sonreir, ¿qué hombre en su sano juicio podría decidir no amar a las mujeres, prueba innequívoca de que dios existe?

Y mientras pensaba en esto, comenzó a caminar hasta volver a perderse entre las sombras de esas calles solitarias.



Sonrió otra vez. Ya no intentaría entenderlas... Él había decidido amarlas...




viernes, 27 de agosto de 2010

Palabras mágicas



Hoy me has dicho al oído dos palabras,
tan sencillas y tan tiernas
que dieron ilusión a mi existencia...

El timbre de tu voz sonó más musical que de costumbre
y escucharlo fue mas dulce que un te amo,
más excitante que un te necesito...

Y la magia se hizo presente
en el instante mismo en que dijiste:

Esta noche...

esta noche...







¡YO INVITO!









Jajajaja...








¡Salud!

sábado, 21 de agosto de 2010

Celosa


Me encontraba en la oficina de Marlén, admirando los radiantes ojos negros mientras platicábamos de cosas sin importancia. A veces es relajante simplemente descubrir los gustos literarios o fílmicos de las personas y dejar de lado el deber diario por un rato.

Marlén preguntó algo que yo no quería contestar:




-Bueno... ¿y ya no te has ido a pasear con chicas guapas a altas horas de la noche?



Ella dice que me vio caminando por las calles adoquinadas del centro de la ciudad del brazo de una rubia de cabello largo y falda corta. Muy corta. Yo le respondo que no sé de que me habla. Lo más seguro es que se haya tratado de un tipo igualito a mi y al cual yo no conozco.


Además, ni era tan noche.


Busco en mi interior la diplomacia característica de un caballero de mi alta alcurnia para darle la vuelta a la pregunta y no responder cuando, providencialmente, suena mi teléfono celular.




Llamada entrante: Xiomara...




Que raro. Xiomara nunca me habla en horas de oficina, por lo que deduzco que puede ser una emergencia, pero antes de que pueda preguntar qué pasa una voz de mujer molesta me interrumpe desde el otro lado de la línea:




-¿Por qué a Paola si la invitas a salir y a mi no?
-¿Eh?
-Sí, no te hagas... Ya me dijo que se fueron al cine, móndrigo...
-Yo...




Me quedo congelado. No esperaba algo así y mi reacción natural es simplemente reir. Risa nerviosa, si se quiere.



-¡Y encima te ríes, infeliz!
-¿Qué esperabas que hiciera?
-¿Por qué no sales conmigo y con ella sí?
-Las últimas tres semanas salí dos veces contigo, al café y al bar y con ella solo una, así que en teoría salgo más contigo que con ella... Además, tú tienes la culpa por presentarme chicas guapas...




Marlén, del otro lado del escritorio no aguanta la risa. Ella no conoce de mi cinismo. Tiene poco tiempo de tratarme.




-Sí pero con ella te fuiste al cine. ¿Por qué a ella si la invitas y a mi no?
-Porque sale más temprano de trabajar. Alcanzamos a ir a las funciones más baratas. Tú ya sales muy noche.
-No es justo. No es justo que salgas con alguien que yo te presenté...
-Pues sí. Me la presentaste y nos hicimos amigos. Así como tú y yo. Recuerda que tengo muchas amigas y en algún momento tengo que salir con ellas.
-No quiero.
-Oye, ¿en verdad solo me llamaste para eso? -Pregunto con cierta incredulidad.
-Sí. Es que estaba hablando con ella y me dijo fuimos con el Borrachito a ver una película y bla, bla, bla...
-Ja. Eres una celosa Xiomara.
-Así soy con mis amigos.
-Ya me di cuenta. En fin, debo colgar. Tengo que regresar al trabajo.
-Está bien. ¿Me llamas al rato?
-Si. Pero hasta en la noche.
-¿Ves? No me quieres.
-Claro que te quiero. Bye.




Marlén abre aún más sus resplandecientes ojos negros y pregunta:




-¿Se enojó?
-Sí. Un poco. Pero debe entender que mis amistades son muchas y las debo atender. Por cierto, si tienes una fiesta en puerta me invitas, ¿va?
-Claro Borrachito, con mucho gusto, ya sabes.
-Bueno me despido. Tú me avisas.
-¿Qué te parece este fin de semana?
-Me encanta la idea. Yo paso por ti.
-Perfecto. Besitos. Bye.



¡Ah, que bonito es lo bonito!
¡Salud... por la libertad!

sábado, 14 de agosto de 2010

Niños


He llegado al bar con dificultad, arrastrándome sobre mis pasos. El ruido del tráfico resuena sordamente dentro de mi cabeza. Las últimas horas han sido algo confusas para mí y lo único que ansío es llegar a un lugar conocido.

Chuy, desde la barra, se percata de mi estropeado estado y se acerca rápidamente a la puerta para ayudarme a entrar. Siento una enorme debilidad: Esos monstruos deben haber chupado mi energía vital, concluyo.



-¿Que te pasa Borracho? Estás palido, te ves tenso y... nervioso.
-Si mi estimado Chuy. Estoy cansado. Me duelen las mandríbulas de tenerlas apretadas para poder soportar tanto tiempo rodeado de esas cosas.
-¿Qué cosas?
-Esas cositas pequeñas y molestas que revolotean sin control.
-¿Moscas?
-No.
-¿Cucarachas?
-No. Esas cositas de cachetes regordetes que corren y gritan y comen y...
-¿Niños?
-Sí. Esas cosas radiactivas.
-Cálmate. Tómate este tequila. Respira. ¿Te sientes mejor?
-Sí. Ya estoy más tranquilo. Pero aún no puedo sacar de mi cabeza el griterío de la multitud de enanos.
-Me imagino. Debió ser terrible.


No tienes idea, mi buen barman. Aún siento vibrar sus gritos dentro de mi cabeza. El zumbido agobiante, como estar atrapado dentro de un panal de avispas. Me duele la quijada por apretar las muelas para tratar de ignorarlos. Ya no podía resistir más.

Poco a poco el tequila se integra a mi torrente sanguíneo y, por un momento, puedo olvidar a los Gremlins que se multiplican cuando les das a probar pizza.

Odio a los niños...



martes, 10 de agosto de 2010

El regreso de Golondrina

¿Quién te dijo que el amor no duele, niña mía?
Borracho.

Feliz cumpleaños...




La lluvia era ligera pero pertinaz. El viento frío parecía darle un color aún más gris a esa tarde de verano y, sobre la colina, el viejo árbol lucía dispuesto a desafiar a los elementos, lo cual es fácil de hacer cuando se sabe que la espera valdrá la pena.

Sin embargo, después de un año, la pequeña golondrina no apareció.

Lluvia golpeando al árbol con fuerza creciente, más frío, penumbra y finalmente oscuridad. Decepción.


~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~


Al día siguiente, al tocar apenas la luz del sol con sus primeros rayos la copa del árbol, el canto de la golondrina surgió nítido entre sus ramas.

Los árboles no sonríen, no tienen boca con qué hacerlo, pero había una sonrisa en su alma al reconocer el trino de Golondrina. Su golondrina.


-¡Hola!
-Hola pequeña.
-¿Cómo te va?
-No me puedo quejar: Soy un árbol sin boca...


Por extraño que parezca, a ella le gustaba ese ácido sentido del humor. La ironía de ese árbol duro, a quien había extrañado por espacio de un año. Año que había parecido ser más largo que el anterior, por increíble que esto suene. Justo ahora se acercaba al tronco del viejo árbol y le abrazaba con las suaves alas.


-Te extrañé.
-Y yo a ti mi niña.
-Sabes... Hice lo que tú me dijiste... Le di una oportunidad.
-Lo imaginé.


Si. Imaginarlo es la parte fácil, no así escucharlo de la propia voz de Golondrina. Voz diáfana y musical pero que es capaz de herir como una espada, aunque sea involuntariamente.


-Me dejó -Dijo Golondrina en una triste exhalación.


¡Increíble! ¿Qué mediocre golondrina podría dejar escapar a alguien como ella? Plena de juventud, belleza y... amor.


-¿Por qué?
-No me entendió. No sabe volar. No como tú y yo.


Metáforas. Los árboles no vuelan, por supuesto. Pero el cariño que existía entre los dos, que había existido entre ambos, los hacía entenderse en un nivel diferente, dónde a él no le faltaban las alas de ella, ni a ella le hacían falta los años de él para comprenderse mutuamente. ¿Amor? ¿Es posible llamarle así después de un año de ausencia y añoranza? ¿De qué otra manera llamarle? ¿Obsesión?


~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~


Ni Árbol ni Golondrina se percataron del proyectil, extasiados como estaban en la contemplación del otro. La civilización se había acercado peligrosamente y alguno de los niños del pueblo, que jugaba cerca de las raíces, lanzó la piedra que rozó el ala izquierda de la frágil ave. Árbol le vio caer, incapaz de hacer nada para protegerla, para detener su caída.

Maldita condición de árbol inmóvil, inerte, inútil...

El poeta se dio cuenta del percance inmediatamente. Cerró el libro de pastas negras y se acercó a recoger a la pequeña avecilla herida. De manera inconsciente sintió una ola de preocupación al situarse debajo de la sombra que prodigaba el anciano árbol. Los poetas entienden el lenguaje de la naturaleza, en especial, el lenguaje del amor.

Asintió como si realmente escuchara el mensaje del gigante de madera y llevó a la golondrina a su casa para curarla. La colocó en una jaula y le atendió con la dedicación y esmero de alguien que valora la belleza de la vida. Lamentablemente, el pequeño corazón no resistió. Murió al caer la noche. Como el día que llega a su fin después del esplendoroso atardecer... justo entre las tibias manos del poeta.

Árbol se enteró al instante. Existía entre él y Golondrina un vínculo que nadie podía siquiera imaginar. Sintió como su corazón de madera se fracturaba ante la sensación de haber perdido de manera definitiva a la única criatura que le había hecho conocer el amor. El verdadero. Por primera vez en 200 años deseó no haber conocido jamás ese sentimiento que, justo ahora, dolía tanto.

¿Quién dijo que el amor no duele?

Esa noche, sobre la colina volvió a llover. Esta vez para disfrazar las lágrimas del árbol abatido por la pérdida de Golondrina. Su Golondrina.


-No quiero vivir si no está ella.


Fue lo que escuchó el poeta entre el golpeteo de las gruesas gotas de lluvia que daban de lleno en su ventana. Y apagó la luz.


~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~


La civilización fue la encargada de conceder al árbol su deseo. Justo por la colina debía pasar el nuevo camino que la modernidad demandaba para hacer llegar los frutos de las cosechas a su destino en los pueblos de más reciente formación. Así que, el árbol de más de dos siglos fue sacrificado en aras de la prosperidad. De cualquier manera, ya no tenía caso vivir, era un árbol sin corazón. Había muerto junto con Golondrina.


~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~


El poeta tomó las hojas con parsimonia. Él, personalmente había supervisado el proceso que convirtiera al viejo árbol en papel, materia prima que el artista valoraba como ninguna otra utilizada hasta entonces. Abrió el cajón y sacó el tintero. Encendió la lámpara de su mesa de trabajo y procedió a abrir el recipiente de plata donde guardó las cenizas de la golondrina. Mezcló las cenizas con la tinta ayudado por un abate-lenguas de madera roto.

Los aromas de la primavera se presentían ya en el ambiente, entrando a raudales por la ventana abierta. Cerró las dos hojas, haciendo a un lado la cortina para poder observar la luna llena, que en su pálido resplandor ilumina de luz el cielo y de inspiración el corazón de los poetas. Se sentó y comenzó a escribir.


Nocturno.

No puedo decirte que te quiero. Lo justo sería decir que necesito hacerlo...


La tinta se absorbió de manera perfecta en el papel especial y, al terminar el poema, el artista aspiró el dulce olor que desprendía su obra. Firmó con sus iniciales y sonrió satisfecho.


-A partir de esta noche, las almas de Árbol y Golondrina quedan unidas para siempre -Dijo el poeta en un susurro...


Y apagó la luz.