domingo, 14 de noviembre de 2010

Las mujeres





El sol que entra por mi ventana golpea de lleno en mi rostro mientras yo aprieto los párpados decidido a no abrir los ojos. Tomo el cobertor y lo jalo con coraje hacia mi cara para protegerme del astro rey. Aún no quiero despertar.

Es muy tarde, lo sé. Alcanzo a escuchar la agitación de la ciudad, el tráfico, el tren pasando a lo lejos. En la casa de al lado los vecinos gritan ¡gol! Yo ni siquiera recuerdo quien juega hoy.

Aquí, debajo de las cobijas, percibo en mi piel un aroma que me remonta a ella: Su maquillaje...


-Ángelfeis... -digo sonriendo mientras trato de abrir los ojos.


Aspiro profundamente recordando el sabor de sus besos, el aroma de sus hombros y el enigmático color aceituna de sus ojos. Veo una vez más mi reflejo en el espejo obsidiana de sus mirada y acaricio la suave noche de su cabello lacio que  inundó la almohada con su cascada de oscuridad. Beso los rizos rubios y cierro sus ojos con el pulgar de mi mano derecha, mientras le digo...


-Apaga el cielo de tus ojos por un momento, o podría ahogarme en ese manto azul...


Ah... Que hermosos recuerdos. Lo dicho: me encantan las mujeres. Amo sus ojos, los besables cuellos, las actitudes de niña, las feroces transiciones entre estados de ánimo y a veces, hasta los celos infundados...


Me levanto y me miro al espejo. Soy sólo un despojo de mi mismo: despeinado, con resaca, desvelado... Eso por fuera. Por dentro sé que soy un hombre afortunado, me lo recuerda la vida todos los días y cuando creo que lo he olvidado, surge alguna voz del pasado que  dice: te amé, te amo, te amamos... ¿Alguien conoce mayor bendición que saberse amado al menos durante unos pocos minutos?

Si alguien desconoce esa sensación, lo invito a descubrirla...

Ya con la taza de café en la mano, enciendo el aparato de sonido, tomo un disco al azar y presiono el botón de play. Bebo el primer sorbo y alguien concuerda con mis conceptos acerca de las mujeres. Me lo hace saber a través del altoparlante:


"Las mujeres son leales, amistosas, cariñosas, honestas y fieles... Simpáticas, inteligentes, honestas, creativas, detallistas... Fuertes, tiernas, sensuales, comprensivas, ardientes, dulces, trabajadoras, valientes, tenaces, seguras de si mismas... ¡entronas!

Son todo esto y mil cosas mas, pero... *



¿alguien quiere terminar la frase?


¡Salud!


*Canción: To all the girls I fuck before. Autor: Armando Palomas. Álbum: Que se muera el rock [2006]



sábado, 6 de noviembre de 2010

¿Dónde estás corazón?



Parece que no soy el único.

Resulta que durante la pasada semana tuve un ataque de nostalgia y vinieron a mi mente algunas canciones que marcaron mi etapa de Escuelante (dícese de las personas que van a la escuela, pero no estudian, ya que a éstos últimos se les conoce con el nombre de  Estudiantes).

Varias de esas rolas se anidaron en mi memoria por la excesiva repetición de esos temas en la radio, saturando mi existencia de las mismas melodías una y otra vez, otras por la influencia de alguna fémina de ondeante figura que marcó mi gusto musical con sus propias preferencias y mi piel con ardientes besos... Ah que bonitos recuerdos.

Estaba pues, buscando la canción que más veces he escuchado ser programada en una estación de  radio en un lapso de cuatro horas, una canción que en cualquier otra circunstancia hubiese terminado odiando, pero que disfruto sobremanera incluso en estos días.


Abrí una nueva pestaña del explorador y escribí en la página del YouTube lo siguiente: Shakira, ¿dónde estás corazón?

Buenísima. Y la canción también.

Contemplé extasiado la negra cabellera y los ojos almendrados...

Shakira me gusta y para nadie es un secreto. Me ha gustado desde que la escuché por primera vez. La potencia de su voz es algo que me parece hipnotizante, incluso más que esas caderas que no saben mentir.

Sin embargo ni siquiera Shakira es perfecta, al menos ya no. No sabría decirles por qué, pero no termina de agradarme su aspecto actual. Yo la prefería con más carnita y con el cabello oscuro, aún pelirrojo como en el disco Unplujed.

Ya he mencionado en algún otro Post que la estética actual influenciada por los cánones que dictan las modas gringas,  donde las chicas deben ser flaquitas en extremo, no me convence del todo. La carnita donde debe estar. Eso pienso yo.

Shakira sigue siendo hermosa, sus facciones no han cambiado, pero ahora parece una Barbie y las Barbies no son de mi agrado.

Yo no niego mi gusto por la mujer latina, ojos y cabello oscuros. Piel morena, piel de bronce... No todos las prefieren rubias. Es más, las güeras me cansaron, me agobiaron, me tienen hasta la M... Ahora ni siquiera mi cerveza la pido clara: me declaro amante de las morenas. 

Por ociocidad bajé un poco la pantalla para ver los comentarios del video y resulta que no soy el único que prefiere la apariencia de la Shakira de los 90's más que la imagen de muñequita agringada por la que me la cambiaron. De su música no me quejo, aunque  debo aceptar que yo también, al igual que muchos, prefiero canciones como Tú, Inevitable, Sombra de ti, Ciega Sordomuda y Ojos así...

Oh, casi lo olvido, hace ya varios años tenía yo una novia cuya mejor amiga era el vivo retrato de Shakira: una sexy chaparrita que se pintaba el cabello de rojo y que literalmente, me hacía babear. A escondidas, claro. No se lo cuenten a mi ex.

Me gustaría encontrar a esa chica una vez más, la amiga de ella, contactarla de nuevo, invitarle una cerveza, decirle lo que nunca me atreví... Si alguien la conoce, por favor, díganle que la busco...


-Abril... ¿Dónde estás, corazón?




¡Salud!

domingo, 31 de octubre de 2010

Rebecca. Parte IV



-Te amo -dijo la embelesante voz.
-Y yo a ti -Respondió él.
-Demuéstralo.
-¿Cómo?
-Ven conmigo.
-Ni siquiera sé a dónde es eso. No hay boletos de autobús, no hay una ruta. ¿Por qué me pides eso?
-Porque no podría vivir sin ti.
-Ya estás muerta, ¿recuerdas?
-Cierto. Disculpa, soy una tonta. Debe ser el amor...
-Si yo aceptara, ¿me mostrarás el camino?
-Sí.
-Espera entonces hasta esta noche, debo hacer algo primero...


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Hace una semana que vino Carlos a contarme esta inverosímil historia, exactamente el tiempo que tiene desaparecido. Sólo me entregó un pequeño arcón de madera con la encomienda de cuidarlo mucho. Ayer, después de no saber nada de él durante seis días, me decidí a ver que había dentro.

Mi primera reacción fue saltar hacia atrás. Cuidadosamente acomodada entre papel periódico un redondeado objeto, de color marfil: un cráneo perfectamente conservado, de no ser por algunos dientes faltantes y un golpe en el parietal izquierdo.

Después de reponerme del susto lo tomé y vi el fondo de esas cuencas oculares vacías. Una sensación extraña me hizo volver a depositarlo entre el papel periódico y tapar la caja para no verlo más. Sin embargo, esta mañana me despertó una corriente de aire helado que se coló por la puerta entreabierta, mientras oía -creí oir- una dulce voz que me llamaba por mi nombre y me decía:


-Me llamo Rebecca...


He querido escribir lo que está pasando porque me parece tan ilógico que yo mismo dudo que esté sucediendo. Siempre he sido un escéptico, pero ahora se me han agotado las explicaciones lógicas.

Hace una semana le dije a Carlos que estaba loco, que probablemente estaba borracho, pero ahora no estoy tan seguro. Hoy, a siete días de su desaparición, estoy convencido de que sé a donde se dirigió y todo apunta a que lo veré muy pronto...


-Sígueme... no tengas miedo -dice la voz.
-No puedo evitarlo... No dejo de temblar...
-Te amo.
-Yo también te amo, Rebecca... Muéstrame el camino...




FIN



sábado, 30 de octubre de 2010

Rebecca. Parte III




-¿Qué te crees trayendo esas cochinadas a la casa?
-¿Cuáles? -Dijo Carlos haciéndose el desentendido y esperando que no se tratara de lo que él estaba pensando.
-Eso que tienes debajo de la cama -dijo su abuelo- me ha dado tremendo susto...


La respuesta de su abuelo casi le hace estallar en carcajadas. Seguramente estaba buscando el taladro que tenía guardado en su habitación. Logró controlarse para calmar un poco a su mamá y mentirle diciendo que él había pedido que le regalaran el cráneo. Años de decir mentiras le ayudaron en su cometido y le creyeron.


-¿Sabes la cantidad de enfermedades que puedes traer con esa cosa? -Preguntó ella, frunciendo el seño.


Carlos tenía que contraatacar rapidamente o habría perdido la partida. Pero perder no estaba en sus planes.


-Oye madre, y si lo limpio muy bien, ¿me lo puedo quedar?


Su mamá no vio venir esa respuesta y tartamudeó un poco al contestar:


-¿Eh?... Este... Supongo que sí.


Asunto arreglado. Carlos dedicó el resto de la tarde a limpiar la tierra que el cráneo tenía en las cuencas vacías, en la fosa nasal, entre los dientes. Lo hirvio después con un poco de cal. El hecho es que, al terminar, se veía reluciente. Igual al que tenía en el consultorio el doctor que le atendiera de niño la bronquitis crónica.


Lo contemplaba todas las noches, antes de irse a dormir. Lo encontraba absolutamente hermoso. Tanto, que llegó a la conclusión de que el cráneo había pertenecido en vida a una una mujer. Él no sabía de anatomía ni de estructuras óseas o de ciencias forenses, pero la simetría de aquella pieza le hacía pensar en una hermosa chica adolescente... Rubia, sí. Ojos cafés, seguro.

Un día entre sueños, le pareció escuchar una melodiosa voz que le hablaba al oído:


-Rebecca, me llamo Rebecca...


Al despertar, estaba seguro que era el espíritu del cráneo el que se le había revelado en sueños y se convenció de algo que ya sospechaba: aquél hermoso cráneo había pertenecido  una mujer. Y ahora tenía un nombre por el cual llamarle.


-Rebecca... Mi hermosa Rebeca -le decía todas las noches al llegar a casa y aún en el silencio, pareciera que mantenían una conversación, que llegaban al entendimiento, que Carlos escuchaba claramente la voz de la adolescente muerta...


Continuará... mañana.

viernes, 29 de octubre de 2010

Rebecca. Parte II




-¿Crees que sea un cráneo? -dijo Ricardo algo asustado. Siempre había sido un cobarde.
-Puede ser -respondió Carlos sin ocultar su emoción.
-Pues brinca ahí dentro para salir de dudas.
-¿Por que no te metes tú?
-A mi me dan miedo esas cosas, ya lo sabes.
-Pues a mi no -Y aún sin terminar la frase, saltó dentro del agujero.

Era emocionante estar ahí dentro. El dulce placer de hacer algo que está prohibido, algo para lo que no estás autorizado, le hizo tragar saliva.


Se acercó a la pared de tierra y palpó la superficie rugosa de lo que habían creido era sólo una pelota. La emoción hacía que su corazón latiera intensamente. Era un cráneo sin duda, algo lastimado, roto por la acción de una pala, pero aún así era todo un descubrimento y debían avisar. No porque fuera su responsabilidad, sino porque resultaba un evento en extremo interesante, no solo para ellos dos.

Sus jefes en la oficina, con el doble de edad que ellos, mantenían el espíritu adolescente, así que, no bien les habían comunicado el acontecimiento, cuando ya salían los 4 caminando aprisa... en busca de aventura.

Al llegar junto a la fosa, se dieron cuenta que los superiores no podrían aventurarse en el brinco de metro y medio que representaba meterse ahí. Años de informática sedentaria habían dejado su huella en la cintura de ambos y a todas luces se veía que carecían de la agilidad necesaria. Así que todos voltearon a ver a Carlos una vez más.


El aludido saltó dentro del boquete de tierra de un metro por dos  cuarenta  y palpó el objeto una vez más.


-Es un cráneo.
-¿Lo puedes sacar?
-Dèjame ver. No. Está atorado. Necesitaría algo para escarbar a los lados.
-¿Te sirve este desarmador? -preguntó uno de los jefes de oficina.
-Sí, creo que sí...


Después de algunos minutos de esfuerzo, pudo meter sus manos al lado de aquello y jalarlo hacia él. Se escuchó un crujido. Al parecer había fracturado algún otro hueso que estaba por ahí.
El cráneo estaba completamente lleno de tierra. El maxilar inferior siguió enterrado y Carlos concluyó que el hueso que escuchó romperse debió ser la clavícula. Era hermoso definitivamente, además, el  hecho de que  lo había sacado con sus propias manos le daba un valor especial.
Le ayudaron a salir del hoyo de tierra y procedieron a la contemplación del trofeo. Todos, excepto Ricardo quisieron quedárselo.
Carlos guardó silencio un instante y dijo al fin:


-Creo que me corresponde. Después de todo, fui yo quien se metió a la tumba a sacarlo.




Era un argumento irrefutable, así que todos asintieron con la cabeza. Se lo entregaron y  lo metió en la mochila color verde militar que usaba para llevar sus cuadernos a la preparatoria.


Ya en casa, se dedicó a contemplar la mochila que contenía su trofeo, sin abrirla. Deslizó el cierre metálico con la parsimonia de quien desentierra un tesoro que ha sido escondido por uno mismo. Necesitaba verlo. Disfrutar ese triunfo.


El cráneo seguía totalmente lleno de tierra. Le faltaban tres incisivos. El cuarto y los caninos se extraviaron los días subsecuentes. Los molares estaban intactos. Aún con los faltantes descritos en la dentadura seguía siendo un hermoso trofeo para el adolescente. Ahora debía enfrentarse al reto de mantener ese tesoro en secreto, lo cual no pudo conseguir ni siquiera por 24 horas.
Carlos había decidido dejar el cráneo dentro de la mochila y de esa manera poder disfrutar su contemplación todos los días al llegar a casa, sin embargo, cuando apenas cruzaba por la puerta la tarde del día siguiente, su madre y su abuelo se plantaron delante de él en actitud de quererlo regañar. Deseó que fuera por las pésimas notas obenidas en Matemáticas durante ese bimestre...




Continuará... mañana.


jueves, 28 de octubre de 2010

Rebecca. Parte I




Todo comenzó cuando vieron el anuncio en el periódico: Se solicitan pasantes de informática para digitalizar registros. Acudir al Panteón Municipal.

Parecía ser una oportunidad excelente para empezar a trabajar en su área y representaba además 4 horas de no estar en casa, lo cual es oro molido para dos chicos de 17 años que buscan zafarse del yugo maternal, al menos por un rato.

El trabajo era bastante sencillo. Se limitaba a capturar los archivos viejos en una base de datos y registrar los nuevos en el mismo sistema. No se llevaban más de 3  minutos por registro.

Lo pesado fueron los dos primeros meses, cuando había mucha información que capturar. Una vez que fueron avanzando en ese trabajo, pudieron tener algo de tiempo libre...  Tiempo para explorar.

Les gustaba particularmente que llegaran las 6 de la tarde, cuando los veladores comenzaban a desalojar el cementerio de visitantes y los últimos rayos del sol rebotaban en las blancas lápidas de granito. El colorido de la tarde mortecina, la frescura que se respiraba entre sauces y eucaliptos y para completar el cuadro ellos dos, en bicicleta sobre la calzada que divide el panteón de norte a sur.

Un día que terminaron pronto los deberes encomendados y que habían dejado sus bicicletas en casa, hicieron a pie uno de sus recorridos habituales.

Es increíble como tanta gente tiene miedo a los panteones. Es cierto que es un poco lúgubre saber que estás caminando entre miles de esqueletos y que incluso algunos de los decorados mas antiguos causan un poco de escalofrío, pero también tiene su encanto.

Cerca de la capilla, por ejemplo, hay un ángel enjaulado. La figura aparece de pie sobre una de las tumbas más viejas del cementerio. Carlos sentía una especial fascinación por ese ángel. Llegó incluso a tomarle algunas fotos.





Ricardo le seguía con cierta cautela. Él no era tan atrevido. Una madre en extremo protectora había dejado su huella en el espíritu de aquél  flacucho adolescente haciéndole un tanto temeroso. Sin duda no se aventuraría a esos recorridos si no lo hiciera cobijado por la irreverente audacia de su compañero.

Era temprano aún, sólo un poco después de las cinco, cuando Ricardo vio algo que le llamó la atención en el hueco que muy probablemente sería una tumba al andar de unas cuantas horas. 


-¡Mira!
-¿Qué es?
-No lo sé... Se ve raro.
-Parece una pelota -dijo Carlos distraidamente.
-No hay pelotas de ese color, ¿o sí?
-¿Qué tal si se gastó el color por estar tanto tiempo enterrada? Después de todo, está un metro bajo tierra...


En efecto, sobre una de las paredes se encontraba incrustado un objeto esférico, lleno de tierra y, al parecer, atorado entre hierbajos.

-¿Y si fuera un... -dijeron los dos a un tiempo mientras cruzaban una mirada de sorpresa y expectación.




Continuará... mañana.





jueves, 21 de octubre de 2010

Ella y Él


Él miró a través de la ventana. La cortina estaba corrida y, desde esa posición, pudo mirar la luna llena. Las noches en la ciudad son mezquinas de estrellas, no se pueden ver muchas. Aún así, los cúmulos de nubes a la izquierda de Selene contrastaban de manera maravillosa con el oscuro manto donde se presentaba Venus como única comparsa, dando la impresión de un cielo dividido a la mitad. Luz y sombra. Claridad y oscuridad. Hermosa noche de un Sábado de Octubre.

Ella, sentada  a su lado sintió algo de frío y se acurrucó junto a su pecho. Escuchó los fuertes latidos y cerró los ojos, mientras ajustaba su respiración al ritmo que marcaba el músculo cardiaco.

Él tenía apretada la quijada y ella sintió la tensión en el ambiente, así que se aventuró a preguntar:


-¿Qué sucede?


A él le gustaba la forma en que ella preguntaba las cosas. Jamás decía ¿qué te pasa? ni ¿estás bien? Por el contrario, el ¿qué sucede? era su sello característico, su marca registrada. Más aún, la dulce entonación que vibraba en las cuerdas de la garganta adolescente al hacer esa pregunta, era música para sus oídos.

Él no sabía mentir y dejó que su boca hablara lo primero que le vino a la mente. Es decir, la verdad.



-Tengo miedo de lastimarte, de comenzar juntos algo en serio, de hacerte daño con este incipiente cariño. Miedo de que esta noche de luna se vuelva memorable y que cuando el cuento termine, sigas asociando a la luna conmigo, provocando que después, en cada ocasión que voltees hacia el cielo en noches como ésta, derrames una, cien o mil lágrimas por mi. No quiero que mi recuerdo, cuando ya no esté a tu lado, te haga sufrir.



Ella no dijo nada. Recordó el momento exacto cuando vio por primera vez su reflejo en aquellos ojos negros. Cuando aspiró el perfume de la piel morisca en en aquél cuello varonil, la ocasión en que le tomó la mano por vez primera mientras ambos hojeaban un libro de Alan Poe. Recordó también que ella ya había decidido amarle, sin cortapisas, sin condiciones... consciente de que, definitivamente, el  sufrimiento y el llanto eran posibilidades latentes. Pero así es el amor... 

Con una sonrisa en los labios, le dijo:


-Piensas demasiado...


Y le hizo callar con un beso.