sábado, 21 de agosto de 2010

Celosa


Me encontraba en la oficina de Marlén, admirando los radiantes ojos negros mientras platicábamos de cosas sin importancia. A veces es relajante simplemente descubrir los gustos literarios o fílmicos de las personas y dejar de lado el deber diario por un rato.

Marlén preguntó algo que yo no quería contestar:




-Bueno... ¿y ya no te has ido a pasear con chicas guapas a altas horas de la noche?



Ella dice que me vio caminando por las calles adoquinadas del centro de la ciudad del brazo de una rubia de cabello largo y falda corta. Muy corta. Yo le respondo que no sé de que me habla. Lo más seguro es que se haya tratado de un tipo igualito a mi y al cual yo no conozco.


Además, ni era tan noche.


Busco en mi interior la diplomacia característica de un caballero de mi alta alcurnia para darle la vuelta a la pregunta y no responder cuando, providencialmente, suena mi teléfono celular.




Llamada entrante: Xiomara...




Que raro. Xiomara nunca me habla en horas de oficina, por lo que deduzco que puede ser una emergencia, pero antes de que pueda preguntar qué pasa una voz de mujer molesta me interrumpe desde el otro lado de la línea:




-¿Por qué a Paola si la invitas a salir y a mi no?
-¿Eh?
-Sí, no te hagas... Ya me dijo que se fueron al cine, móndrigo...
-Yo...




Me quedo congelado. No esperaba algo así y mi reacción natural es simplemente reir. Risa nerviosa, si se quiere.



-¡Y encima te ríes, infeliz!
-¿Qué esperabas que hiciera?
-¿Por qué no sales conmigo y con ella sí?
-Las últimas tres semanas salí dos veces contigo, al café y al bar y con ella solo una, así que en teoría salgo más contigo que con ella... Además, tú tienes la culpa por presentarme chicas guapas...




Marlén, del otro lado del escritorio no aguanta la risa. Ella no conoce de mi cinismo. Tiene poco tiempo de tratarme.




-Sí pero con ella te fuiste al cine. ¿Por qué a ella si la invitas y a mi no?
-Porque sale más temprano de trabajar. Alcanzamos a ir a las funciones más baratas. Tú ya sales muy noche.
-No es justo. No es justo que salgas con alguien que yo te presenté...
-Pues sí. Me la presentaste y nos hicimos amigos. Así como tú y yo. Recuerda que tengo muchas amigas y en algún momento tengo que salir con ellas.
-No quiero.
-Oye, ¿en verdad solo me llamaste para eso? -Pregunto con cierta incredulidad.
-Sí. Es que estaba hablando con ella y me dijo fuimos con el Borrachito a ver una película y bla, bla, bla...
-Ja. Eres una celosa Xiomara.
-Así soy con mis amigos.
-Ya me di cuenta. En fin, debo colgar. Tengo que regresar al trabajo.
-Está bien. ¿Me llamas al rato?
-Si. Pero hasta en la noche.
-¿Ves? No me quieres.
-Claro que te quiero. Bye.




Marlén abre aún más sus resplandecientes ojos negros y pregunta:




-¿Se enojó?
-Sí. Un poco. Pero debe entender que mis amistades son muchas y las debo atender. Por cierto, si tienes una fiesta en puerta me invitas, ¿va?
-Claro Borrachito, con mucho gusto, ya sabes.
-Bueno me despido. Tú me avisas.
-¿Qué te parece este fin de semana?
-Me encanta la idea. Yo paso por ti.
-Perfecto. Besitos. Bye.



¡Ah, que bonito es lo bonito!
¡Salud... por la libertad!

sábado, 14 de agosto de 2010

Niños


He llegado al bar con dificultad, arrastrándome sobre mis pasos. El ruido del tráfico resuena sordamente dentro de mi cabeza. Las últimas horas han sido algo confusas para mí y lo único que ansío es llegar a un lugar conocido.

Chuy, desde la barra, se percata de mi estropeado estado y se acerca rápidamente a la puerta para ayudarme a entrar. Siento una enorme debilidad: Esos monstruos deben haber chupado mi energía vital, concluyo.



-¿Que te pasa Borracho? Estás palido, te ves tenso y... nervioso.
-Si mi estimado Chuy. Estoy cansado. Me duelen las mandríbulas de tenerlas apretadas para poder soportar tanto tiempo rodeado de esas cosas.
-¿Qué cosas?
-Esas cositas pequeñas y molestas que revolotean sin control.
-¿Moscas?
-No.
-¿Cucarachas?
-No. Esas cositas de cachetes regordetes que corren y gritan y comen y...
-¿Niños?
-Sí. Esas cosas radiactivas.
-Cálmate. Tómate este tequila. Respira. ¿Te sientes mejor?
-Sí. Ya estoy más tranquilo. Pero aún no puedo sacar de mi cabeza el griterío de la multitud de enanos.
-Me imagino. Debió ser terrible.


No tienes idea, mi buen barman. Aún siento vibrar sus gritos dentro de mi cabeza. El zumbido agobiante, como estar atrapado dentro de un panal de avispas. Me duele la quijada por apretar las muelas para tratar de ignorarlos. Ya no podía resistir más.

Poco a poco el tequila se integra a mi torrente sanguíneo y, por un momento, puedo olvidar a los Gremlins que se multiplican cuando les das a probar pizza.

Odio a los niños...



martes, 10 de agosto de 2010

El regreso de Golondrina

¿Quién te dijo que el amor no duele, niña mía?
Borracho.

Feliz cumpleaños...




La lluvia era ligera pero pertinaz. El viento frío parecía darle un color aún más gris a esa tarde de verano y, sobre la colina, el viejo árbol lucía dispuesto a desafiar a los elementos, lo cual es fácil de hacer cuando se sabe que la espera valdrá la pena.

Sin embargo, después de un año, la pequeña golondrina no apareció.

Lluvia golpeando al árbol con fuerza creciente, más frío, penumbra y finalmente oscuridad. Decepción.


~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~


Al día siguiente, al tocar apenas la luz del sol con sus primeros rayos la copa del árbol, el canto de la golondrina surgió nítido entre sus ramas.

Los árboles no sonríen, no tienen boca con qué hacerlo, pero había una sonrisa en su alma al reconocer el trino de Golondrina. Su golondrina.


-¡Hola!
-Hola pequeña.
-¿Cómo te va?
-No me puedo quejar: Soy un árbol sin boca...


Por extraño que parezca, a ella le gustaba ese ácido sentido del humor. La ironía de ese árbol duro, a quien había extrañado por espacio de un año. Año que había parecido ser más largo que el anterior, por increíble que esto suene. Justo ahora se acercaba al tronco del viejo árbol y le abrazaba con las suaves alas.


-Te extrañé.
-Y yo a ti mi niña.
-Sabes... Hice lo que tú me dijiste... Le di una oportunidad.
-Lo imaginé.


Si. Imaginarlo es la parte fácil, no así escucharlo de la propia voz de Golondrina. Voz diáfana y musical pero que es capaz de herir como una espada, aunque sea involuntariamente.


-Me dejó -Dijo Golondrina en una triste exhalación.


¡Increíble! ¿Qué mediocre golondrina podría dejar escapar a alguien como ella? Plena de juventud, belleza y... amor.


-¿Por qué?
-No me entendió. No sabe volar. No como tú y yo.


Metáforas. Los árboles no vuelan, por supuesto. Pero el cariño que existía entre los dos, que había existido entre ambos, los hacía entenderse en un nivel diferente, dónde a él no le faltaban las alas de ella, ni a ella le hacían falta los años de él para comprenderse mutuamente. ¿Amor? ¿Es posible llamarle así después de un año de ausencia y añoranza? ¿De qué otra manera llamarle? ¿Obsesión?


~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~


Ni Árbol ni Golondrina se percataron del proyectil, extasiados como estaban en la contemplación del otro. La civilización se había acercado peligrosamente y alguno de los niños del pueblo, que jugaba cerca de las raíces, lanzó la piedra que rozó el ala izquierda de la frágil ave. Árbol le vio caer, incapaz de hacer nada para protegerla, para detener su caída.

Maldita condición de árbol inmóvil, inerte, inútil...

El poeta se dio cuenta del percance inmediatamente. Cerró el libro de pastas negras y se acercó a recoger a la pequeña avecilla herida. De manera inconsciente sintió una ola de preocupación al situarse debajo de la sombra que prodigaba el anciano árbol. Los poetas entienden el lenguaje de la naturaleza, en especial, el lenguaje del amor.

Asintió como si realmente escuchara el mensaje del gigante de madera y llevó a la golondrina a su casa para curarla. La colocó en una jaula y le atendió con la dedicación y esmero de alguien que valora la belleza de la vida. Lamentablemente, el pequeño corazón no resistió. Murió al caer la noche. Como el día que llega a su fin después del esplendoroso atardecer... justo entre las tibias manos del poeta.

Árbol se enteró al instante. Existía entre él y Golondrina un vínculo que nadie podía siquiera imaginar. Sintió como su corazón de madera se fracturaba ante la sensación de haber perdido de manera definitiva a la única criatura que le había hecho conocer el amor. El verdadero. Por primera vez en 200 años deseó no haber conocido jamás ese sentimiento que, justo ahora, dolía tanto.

¿Quién dijo que el amor no duele?

Esa noche, sobre la colina volvió a llover. Esta vez para disfrazar las lágrimas del árbol abatido por la pérdida de Golondrina. Su Golondrina.


-No quiero vivir si no está ella.


Fue lo que escuchó el poeta entre el golpeteo de las gruesas gotas de lluvia que daban de lleno en su ventana. Y apagó la luz.


~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~


La civilización fue la encargada de conceder al árbol su deseo. Justo por la colina debía pasar el nuevo camino que la modernidad demandaba para hacer llegar los frutos de las cosechas a su destino en los pueblos de más reciente formación. Así que, el árbol de más de dos siglos fue sacrificado en aras de la prosperidad. De cualquier manera, ya no tenía caso vivir, era un árbol sin corazón. Había muerto junto con Golondrina.


~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~ ~ 0 ~


El poeta tomó las hojas con parsimonia. Él, personalmente había supervisado el proceso que convirtiera al viejo árbol en papel, materia prima que el artista valoraba como ninguna otra utilizada hasta entonces. Abrió el cajón y sacó el tintero. Encendió la lámpara de su mesa de trabajo y procedió a abrir el recipiente de plata donde guardó las cenizas de la golondrina. Mezcló las cenizas con la tinta ayudado por un abate-lenguas de madera roto.

Los aromas de la primavera se presentían ya en el ambiente, entrando a raudales por la ventana abierta. Cerró las dos hojas, haciendo a un lado la cortina para poder observar la luna llena, que en su pálido resplandor ilumina de luz el cielo y de inspiración el corazón de los poetas. Se sentó y comenzó a escribir.


Nocturno.

No puedo decirte que te quiero. Lo justo sería decir que necesito hacerlo...


La tinta se absorbió de manera perfecta en el papel especial y, al terminar el poema, el artista aspiró el dulce olor que desprendía su obra. Firmó con sus iniciales y sonrió satisfecho.


-A partir de esta noche, las almas de Árbol y Golondrina quedan unidas para siempre -Dijo el poeta en un susurro...


Y apagó la luz.



sábado, 31 de julio de 2010

Pregunta machista




Me encuentro sentado junto a la barra del bar. Es una tarde calurosa y la cerveza XX Lager que pedí hace unos minutos es una fiesta para mis sentidos. Siento que algo me falta así que solicito al barman unos churritos con salsa valentina para acompañar mi chela.

Este es un lugar privilegiado. Veo pasar a las chicas que intentan combatir el calor a fuerza de acortar las dimensiones de sus prendas y, además, desde aquí puedo escuchar lo que comentan muchos de los parroquianos. Al menos mientras no toque la banda del bar.

En la mesa que queda a mi izquierda escucho la siguiente pregunta:


-Oye wei, ¿tú que prefieres, una gordita bonita o una fea pero bien buenota?


Así que, mis queridos lectores y lectoras, no pude resistir la tentación de trasladar la pregunta a este espacio. Requiero su ayuda para resolverme esta duda existencial:

¿Qué es mejor?




¡Salud!

lunes, 26 de julio de 2010

Amores Perros

Fábula: Breve relato ficticio en prosa o en verso con intención didáctica frecuentemente manifestada en una moraleja final, y en el que pueden intervenir personas, animales y otros seres animados o inanimados.
Real Academia Española.



Señor conductor, hágame un favor:
écheme pa' un lado, no me deje peor.

Iba pa' mi casa por la carretera,
kilómetro 5, me encontré una perra.

Le ladré con gusto, le aventé los canes
y si andas perdida puedo acompañarte.

Mas mi perra suerte si que andaba mal,
me volteé pa un lado, ¿quién lo iba a pensar?
que por una pinche perra, pus me iban a atropellar.

Solo sentí un golpe sobre mi estructura
y ¿quién creen que fue? Fue un camión de la basura,
¡fue un camión de la basura!
me quitó -ohohoh- pus me quitó la calentura.

No te aflijas doggie, me dijo el Gran Boss,
yo si te comprendo y a mi me pasó.
Yo también tuve una perra que me pago mal,
estamos iguales, ¡estamos iguales animal!
una perra nos pagó mal
y ¡que chingue a su madre la que no me supo amar!*




La pregunta aquí, mis queridos educandos es: ¿Cuál creen ustedes que es la moraleja de esta historia?



¡Salud!


[*Canción: Blues del perro; compositor: Armando Palomas; álbum: Una cuarta]

sábado, 24 de julio de 2010

El Padre Pistolas




No acostumbro a ir a misa. Prefiero evitarlo en la medida de lo posible, pero hoy es un evento especial. Trato de concentrarme en la arquitectura del lugar para evitar que salga de mi boca algún comentario que pudiera causar la molestia de mi madre. Para ella sigo siendo el niño rebelde que los domingos se llevaba el cuento de Kalimán a la iglesia para no tener que oir el sermón.

En el piso de piedra de la capilla resuenan unos pasos. Veo pasar a mi lado a un tipo muy alto, botas y sombrero. Le calculo un poco más de 50 años por el bigote cano. Su indumentaria me recuerda a Otto el de la serie de Malcolm el de en medio.

Él es el padre Pistolas, me dice mi madre al oído y yo no lo puedo creer. Ya antes había oído de este personaje y pensaba que era una leyenda urbana. Por primera vez en muchos años presto atención a las lecturas, especialmente el sermón me tiene fascinado:


-Martha tenía dos hermanitos: Lázaro y Magdalena, quien era muy bonita pero no se portaba muy bien que digamos.

Comenta el padre mientras lanza una sonrisa pícara y continúa:

Dice la lectura que mientras Martha estaba limpiando, Magdalena escuchaba lo que decía Jesús y, obviamente, Martha se enojó y le dijo a Jesús.


-Señor, dile que me ayude. Nomás se está haciendo taruga.


Y Jesús le contestó:


-Déjala, ella escogió la mejor parte. Escucharme a mi...


Ahora ya nadie escucha -dice el Padre con disgusto. Conozco así de gente que se van a trabajar, hombre y mujer, son maestros o lo que ustedes quieran y por desgracia a los niños nadie los atiende. Conozco a quienes se han suicidado siendo muy ricos, con alberca y todo, pero la señora jamás tuvo tiempo de atender al marido.

Y María Magdalena escuchaba... ¡Si hablar es muy fácil, escuchar no!

Tengo 27 años yendo a México y se me junta una filota de señores y les digo confiésense con otro.


-Es que los otros padres lo ponen a uno todo nervioso, Padre ¿qué va a andar uno confesando asi, si lo traen a la carrera?


Ni siquiera los sacerdotes quieren escuchar. Y conmigo nos aventamos media hora, una hora, ¡lo que duren! y muchos salen llorando. Tienen hasta 40 años sin confesarse, como algunos que veo por aquí...

Lo primero que se necesita es paciencia y saber escuchar.

Imagínense a mis norteñitos -dice el Padre Pistolas haciendo alusión a los migrantes que visita en Estados Unidos- que cada tres años vienen por un mes y se la pasan pedos todo el mes. ¿Cuándo escuchan a sus hijas? ¡De putas no las bajan!, discúlpenme la expresión, ¿cuándo escuchan a sus esposas? Y luego se quejan, ¡pero no las atienden! Óiganme, si lo principal es la relación personal con las esposas, con los maridos, con los hijos.

Tampoco los hijos escuchan a sus padres:


Mira hijo, no te vayas a sacar una vieja de esas de la calle...
No llegues tan noche...
No te emborraches. Cuando manejes ya deja la camioneta por ahi encargada.


¿Cuándo escuchan sus hijos a sus padres?

Yo les digo: oye, tu hijo me rebasa, ta' medio loco. El otro día me echó pa'abajo de la carretera, no le prestes la camioneta...


-Uh Padre -se quitó el sombrero, se rascó los piojos y me dijo- si le quito las llaves ¡me pega, ya no me ayuda!¡y la culpa la tiene su madre que lo consiente!


¿Y cuál es la consecuencia? -Pregunta el padrecito viéndonos con mirada acusadora-. Alrededor de la laguna de Cuitzeo hay un montón de cruces de accidentados muertos que no pasan de los 26 años... y también hay chamacas.

Hay un hermano que es doctor; a los 55 años ya estaba bien acabado. Le digo yo:


-Hermano, te va a llevar la fregada, ¡ya ni nalgas tienes! Deja ese méndigo cigarro.


Dos cajetillas de Marlboro diario y cuando cayó en el hospital, le encontraron un cáncer del tamaño de una naranja, de lo más maligno...

¡Y cómo hay viejas fumadoras! A veces vamos a paseos y dicen: Ay, Padre, quiero ir al baño... ¡Cuál baño!¡Ya están que se queman por echarse el cigarrito!

Me dice una enfermera:


-Yo no le hago daño a nadie. Yo me fumo una cajetilla todos los días pero en el patio de mi casa.


Le dije


-A ver siéntese ai... Señora enfermera, ¿cuánto te cuesta la cajetilla?
-Treinta pesos.
-¿No le hacen falta de leche a tus hijos? Y nos echas a perder a todos el ambiente y lo peor de todo que te va a llevar la fregada y todos vamos a pagar de nuestros impuestos, nos vamos a joder a estarte pagando las quimioterapias y todas las medicinas... ¡y nos tiznas a todos!


Ustedes tomen conciencia, que la humanidad, que este país,que ahora está tan amenazado de la familia y no precisamente de la católica...

Hace una pausa, como si se acordara de algo.


Y todavía mi amigo Calderón pregunta ¿que cuál será la causa? Que no se haga tarugo, ¡si no hay trabajo, nos pagan mal nuestras cosechas, le suben a la gasolina y a todos nos está afectando, mis pobres norteños ya no tienen pa' tragar, por eso ya ni voy!


Se contiene un poco, como recordando que tiene que finalizar el rito de la misa y concluye:

Ya para terminar con esto, les pido por favor recordar que Dios está en nosotros, en los niños, en los borrachos, en los locos, en las prostitutas... Hay que tratarlos con amor y respeto...

Mi hermano, quien se ha hecho casi tan escéptico como yo a golpe de buenas lecturas, me dice así, si vengo a misa.

Estoy de acuerdo, carnal. Espero que el padrecito se siente a nuestra mesa. Tal vez me acepte un tequilita y podamos platicar un poco más con él.



¡Salud!