sábado, 24 de abril de 2010

Desear...



La noche es cálida y aún hay mucho movimiento en las calles de la ciudad. Hace un rato ya que se encendió el alumbrado público, de manera que es difícil no apreciar la belleza de ese rostro infantil de rasgos felinos.


El cabello castaño oscuro, marco perfecto para la blanca piel, que hace resaltar aún más los hermosos ojos color café.

Sin avisar, de improviso como es su costumbre, dispara la pregunta:


-¿Qué es más importante... querer o deber?


Hoy más que nunca, sus preguntas son importantes, pero él no puede evitar sentirse confundido respecto al sentido de la última...


-¿Te refieres a querer como amar o como desear?
-Como desear... Tener ganas.


Se despiden. Se han despedido durante dos horas. Pero se han extrañado demasiado como para dejarse tan pronto. Especialmente ahora que, definitivamente, no se verán más.


-Deduzco entonces que el deber al que te refieres es a una responsabilidad moral, ¿verdad?
-Así es.


Saber que hoy se alejan llena sus corazones de tristeza, pero justo en este momento desbordan alegría. Ninguno de los dos quiere pensar en la despedida.

Él ha amado esos ojos durante mucho tiempo, pero la circunstancia de esta noche, saber que se alejan como las golondrinas al emigrar, le hacen amarlos mucho más.

Los mira y los admira, una y otra vez. Pero debe responder...


-Normalmente te diría que lo más importante es el deber, las responsabilidades de uno... Pero en estos últimos meses ha cambiado un poco mi manera de pensar. Me he convencido que hay cosas, acciones, sensaciones que se deben vivir para no llegar al final del tiempo y decir: "Si yo hubiera..."


Ella no contesta. Sólo sonríe. Era justamente lo que esperaba oír, aunque él no lo sabe.


-¿Por qué me lo preguntas?
-Porque quiero besarte...
-Oh, ya veo. Y no debes.
-No. No debo. De hecho, le prometí a ya sabes quien que no te vería nunca más, que ni siquiera volveríamos a hablar...


Ahora es él quien sonríe.

También arde en deseos de besarle. Lo ha deseado desde que la vio llegar a la plaza enfundada en esos reveladores jeans a la cadera, la cabellera suelta y los rojos labios encendidos. Una Leo en toda la extensión de la palabra.


-¿Y qué piensas hacer?
-Besarte. Tú ya has roto demasiadas reglas por mi, incluidas las tuyas propias.


De todas las respuestas posibles, era esa precisamente la menos esperada. El corazón de él comenzó a latir con más fuerza y sintió sus ojos llenarse de lágrimas.

No temas mostrar tus sentimientos -dijo una vez su padre-, los hombres sí lloran...

Él había, sin duda, roto varias de sus propias reglas, por el simple hecho de vivir, de darse una oportunidad, de no dejar pasar de largo las cosas bellas que la vida pone frente a uno y ella, lo había reconocido abiertamente...

Lo reconoció frente a él, hoy, que deciden tomar caminos diferentes. Pero más vale tarde que nunca, ¿o no?


-Fui feliz rompiéndolas, pero nuestras circunstancias cambian ¿no es cierto?
-Si... Cambian.


Ella pasó sus brazos alrededor del cuello de él, se paró sobre las puntas de sus pies y beso suavemente los labios tantas noches añorados.

Se besaron largamente y sin prisa. Sin percatarse que poco a poco las calles quedaban vacías. Los ojos de ambos inundados de lágrimas que se rehusaban a correr por las mejillas.


-Adiós -dijo ella al fin- gracias por haberme amado así. Y por verme... cuando era invisible. Nunca te olvidaré.


Él no podía hablar. Dentro de su cabeza sonaban aún las palabras del viejo: Los hombres sí pueden llorar...

Y cuánta razón tenía.




sábado, 17 de abril de 2010

¡Que no!


"Dios no solo juega a los dados. A veces los lanza donde no los vemos..."
Stephen Hawking.


Creo que estoy algo tenso. [Tenso. Dije TENSO]. Y lo peor del asunto es que no tengo manera de desahogarme.

No puedo tocar la guitarra por lo del problema del codo, debido a la caída de la moto, y por la misma razón, tengo prohibido jugar futbol. Golpearía la pared, pero habría que ser muy idiota, como para encima fracturarme el puño, estando, como estoy, todo jodido del codo derecho.

Así que sigo cavilando, tratando de encontrar algo que me libere, algo que sea como una Michelada cubana de a litro para el alma...

Sé que algunas personas abren al azar un libro, por ejemplo la biblia, y lo que leen les proporciona una especie de efecto placebo. Hay quien aún tiene fe...

Se convencen a sí mismos de que una fuerza invisible [¿dios?] guió su mano [su dedo], justo a la página que abren, relacionan lo escrito con su situación, y se van muy contentos a fornicar por ahi, porque esa fue la lectura que les tocó en suerte...

En fin, cada quien sus enfermizas interpretaciones...

Así que decido hacer algo similar, pero con la música del reproductor de Güindors. Le activo el chufle para que reproduzca una canción al azar, me pongo los audifonos, cierro los ojos y le doy plei...

Venga, señor, lanza tus dados...

Surgen las digitalizadas notas de una canción que sugiere música Country. Que no, es el nombre de la rola. Canta el tal Armando Palomas.

¡Ah! Ese disco es de los mejores: Un six bien frío de modelo en lata, con sal y limón para el alma...


Que no tengo licencia, ni identificación,
que no tengo paciencia, que no tengo corazón,
que no tengo dinero, que no tengo internet,
que no tengo una cuenta de banco en Banamex.

Que no me gusta el sushi, no entro a los buféts,
prefiero un esmeril de los del cine Rex,
que no me gusta el whisky, porque el precio no ajuste,
prefiero un mal tequila o un buen trago de pulque.

Que no voy a quinciaños ni las bodas aluzadas,
prefiero los tugurios y las chelas fiadas,
que no tengo encendida la televisión,
si no veo televisa, ¡menos cablevisión!

Que yo no quiero flores en mi funeral,
que no quiero cigüeñas gordas en navidad,
que no creo en amuletos para cambiar la suerte,
que no creo en brujerías pero si en los manicomios.

No quiero las canciones sin un abecedario,
le digo no a Madonna y sí a Paquita la del Barrio,
que no cambio un vochito por un carro del año,
que no quiero tus besos a diario pos me hacen daño.

No quieras ser cariño mi eterna compañía,
no quieras ser mi dueña, ni mi perra policía,
que no te doy mi vida, que no te doy mi amor,
¡que lo único que quiero es desayunar alcohol!

Que... yo no quiero nada [coros: shuap, shuap...]
que yo no quiero nada [coros: shuap, shuap...]
que yo no quiero nada [coros: shuap, shuap...]
¡que con una chingada, yo no quiero nada, nada, nada...!


Oh, señor, ¿qué intentas decirme?


Bueno, por si las dudas, ¡salud!


Y que conste, es la voluntad de dios...



sábado, 10 de abril de 2010

Mala memoria




El tic-tac del reloj sobresale por encima de los demás ruidos matutinos. Al poner un poco más de atención, puedo escuchar el trinar de los pájaros que instalaron su residencia en el árbol de limones del jardín. La ciudad sale de su letargo.

De a poco, se van agregando los otros ruidos citadinos: Las campanas del camión de la basura, el anuncio del gas, el pregón del que vende tamales con atole.

Suena un gallo lejano...

Aquí en la habitación todo es tan cotidiano... Los libros apilados sobre el escritorio, la colección de DVDs cuidadosamente acomodada en el mueble de madera. El montón de figuritas de acción, frente a la televisión, en actitud guerrera, listos todos a iniciar el ataque, esperando sólo una orden.

Un rayo de sol entra ahora por la ventana, burlando la cortina y dando de lleno en mi rostro.

Que apacible quietud. Que hermoso momento que quisiera no terminara jamás. Vagamente recuerdo que tengo pendientes. Muchos pendientes para el día de hoy. Pero mi propio letargo es en verdad tan placentero que permanezco inmóvil...

He olvidado algo... ¿Qué será?

Mi camisa sigue en el suelo, en el mismo lugar donde cayó anoche. La misma salpicadura de sangre sobre el puño izquierdo. Esa camisa me la regaló... ¿Quién?

Diablos. Estoy muy disperso esta mañana.

Me pregunto por qué, de todos los ruidos que alcanzo a escuchar, ninguno es mi propia respiración.

María me advirtió hace dos semanas, su tibia y blanca inocencia, desnuda, recostada sin pudores sobre mi pecho:


-Pasas mucho tiempo sin respirar, deberías checarte...
-Exageras muñeca...


Una mosca se posa indiferente sobre mi mejilla. Da un pequeño paseo que termina sobre mi párpado izquierdo. Luego vuela. Tiene ocupaciones... Cosas de moscas, ya saben.

Oh, por fin recordé que es eso que tenía pendiente y que olvidé hacer esta mañana...

Hoy se me olvidó despertar.



sábado, 3 de abril de 2010

Compadecer


Compadecer.- Sentir lástima o pena por la desgracia o sufrimiento ajenos, o ser partícipe de ellos.


Si necesitas llorar, hazlo. Lava tus heridas con agua y sal, desde el interior. Pero no me pidas que te ofrezca mi hombro para llorar sobre él. No me mal interpretes. No es que no me importes. Mi actitud no significa que te odie. Nada más lejano de la realidad.

Es sólo que tu pena no es la mía. Tu tristeza me cansa y me agobia. Y, para ser honesto, me parece que ya es suficiente.

Al igual que todos los seres vivos que habitamos este planeta has padecido, has sufrido, pero todo eso, no es más que la primera parte del proceso de aprendizaje. Para seguir avanzando, debes ahora aprender a levantarte y dar un próximo siguiente paso.

No. No pidas mi mano para apoyarte. No lo haré. Busca tu propio apoyo dentro de ti. Y lo más importante, no me pidas que com-padezca junto a ti. Date cuenta de una buena vez que eso que que tratas de encontrar, la compasión no es algo que sea inherente a mi persona: no hay compasión en mí.

Buscas mi compañía porque estando cerca de mí te sientes mejor, te sientes radiante... luminoso. Crees que te hago bien, pero lo cierto es que tú me haces mal.

Robas mi propia energía vital, la pasión con la que tomo las cosas, con la que arranco la esencia de las cosas para embriagarme con ella. Te sientes brillar porque soy un ser sombrío, alguien que no pretende ser, sino que simplemente es.

No me extrañas a mi cuando estamos lejos, sino a la persona que crees que eres cuando estás conmigo...

Yo estoy harto. Cansado de tus pretextos, de tus excusas, de tus gritos de dolor, de tus: ¡Yo no sé qué hacer!

¿Por qué tengo que soportarlo? Sólo tienes que ser feliz. Éso es lo que tienes que hacer. ¿Es algo tan difícil de entender?

Pero insistes en vivir de manera antinatural, así que responde: ¿quieres llorar? ¿quieres padecer? ¡Pues hazlo!, pero no me arrastres a mí a ese torbellino de desesperación.

Yo no nací para compadecer. Ni a ti ni a nadie. Eso no es para mí.

Hace mucho tiempo que me di cuenta que el que anda de rodillas, no logra avanzar de manera significativa y yo... Yo corro cuando camino, porque siempre he deseado volar.

Sé que no lo comprendes y es por eso que insistes en llamarme indolente, cínico, cruel, sincorazón...

Pero no encuentro ningún beneficio ni para ti ni para mi en ese instinto depresor y contagioso llamado compasión, y mi cariño hacia ti, me obliga a no prestarme al juego que ha sido establecido por generaciones: No he de ser yo el encargado de multiplicar tu miseria, com-padeciendo, arrastrandome a un lado tuyo...

Levántate. Da un siguiente paso. Uno a la vez.

No me vengas con que duele, con que es difícil, con esas excusas propias de los espíritus débiles...

Y lo más importante: No me pidas que te espere. Tú vas de rodillas... Yo voy a pie.





sábado, 27 de marzo de 2010

Discriminado




Primer día de una larga semana de vacaciones. Es, además, la primera vez desde que comenzó el año, en que puedo estar tirando el caviar un Sábado por la mañana, sin el remordimiento de regresar al trabajo el Lunes a las siete de la madrugada.

Estaba pues, pendejeando, cambiándole a la tele, recorriendo una y otra vez los únicos tres canales a los cuales tengo acceso [ya saben, la desventaja de no tener cable, lo cual me obliga, contra mi voluntad, a mejor ocupar el tiempo en leer], cuando me encontré con el siguiente comercial:



Y justo en ese momento, rojo de indignación y coraje -y porque me enchilé con la salsa de unas papas fritas que me estaba tragando-, surgió de mis indignados labios la pregunta:


-¿Por qué demonios yo no tengo champú de esos moraditos para rizos definidos?


Ésto me hizo sentir mal en verdad. Al borde del llanto... ¿Cómo explicarlo? Me sentí discriminado...

Sí. Esa es la palabra.

Después tuve que sonreír y tragarme mis palabras. Y es que, inmediatamente pensé: pinche publicidad... Casi caigo.

Para empezar, ¿qué hombre de verdad, qué real varón que se precie de serlo, qué macho alfa necesita champú para bañarse? A nosotros, los verdaderos hombres, el detergente ROMA nos es suficiente. Y si queremos más perfume, nada como el jabón ZOTE y, eso, cuando nos bañamos. Total, semos hombres, no payasos, ¿que no?

Comentario aparte merece el nombre poco varonil de un producto orientado hacia los hombres, pero esa es otra historia.

Un poco más tranquilo me puse a pensar en todas las ideas que nos vende la televisión y mi indignación fue mayúscula.

La publicidad decide qué comes, qué bebes, y hasta el papel con el que te limpias el trasero. Pero eso no es lo peor. Sino que nos dice qué celebrar y cuándo.

Ahí fue donde de plano si me encabroné. Como he dicho antes, la discriminación a todo lo que da.

Por poner sólo un ejemplo, en días recientes, se celebró el día internacional de la mujer, el día de la familia y no sé que otras cosas inventadas por televisa, Coca-Cola y, no estoy seguro, pero sospecho que también están involucrados Salinas de Gortari y el chupacabras, en festejos tales como el día de los abuelos.

Aquí fue donde me di cuenta: ¡Todo mundo tiene su día!

Juzguen ustedes mismos:

Existe día de la madre, día del padre, día del maestro, día del estudiante, día del orgullo gay, día del orgullo friki, día del niño, y la lista es interminable...

¿Y yo qué?

¿Y mis sentimientos qué? ¿No cuentan?

¿Cómo es posible que no exista un Día internacional del hombre?

Aunque, estoy seguro, que para no meterse en broncas, y de la misma manera que ya no se les llama discapacitados a las personas con habilidades diferentes, enanitos a las personas de baja estatura, viejitos a las personas de la tercera edad o putas a las mujeres de la vida galáctica, el título de esta celebración quedaría en algo tan mamón como Día del adulto jóven varón heterosexual o Día del adulto varón heterosexual en edad de merecer...

Por eso, compañeros de AHUEVO, como su líder inmoral, propongo humildemente el próximo día primero de abril, como el ¡Día internacional del borracho!

¡Celebremos en un bar!

¿Quién dijo yo?


Salud.




sábado, 20 de marzo de 2010

Celos


"Yo no quería mentir, me hiciste un mentiroso.
Hoy digo lo que tú quieres oir... como un acto piadoso."
Ricardo Arjona.




Voy saliendo de clase. Una terriblemente aburrida a estas horas de la tarde, ¡y con este calor! De hecho, poco faltó para que me quedara dormido.

Pero he aquí que aparece Ella por el corredor y esa imagen, por sí sola, me es en extremo refrescante.

No puedo menos que sonreir mientras mis ojos la observan detenidamente: pantalón de mezclilla azul marino que marca perfectamente su figura, blusa blanca sin mangas y el rubio cabello recogido en una cola de caballo.

Me acerco de prisa y le digo...


-¡Hola muñeca! Justo estaba pensando en ti...


Algo anda mal. Se le nota en la cara. Reconozco esa expresión a cien metros de distancia. Tengo mucha hueva como para pelear, así que, ¡preparados! Es hora de comenzar con la rutina del novio bueno y preocupado.

Ésta si me la sé.


-Disculpa, ¿hay algún problema?
-No. Nada.
-¿Estás segura?
-Si. De veras.


Sé que algo le sucede y que se muere por decirme qué es. Ella no lo sabe, pero por regla propia, me he puesto como límite preguntarle sólo tres veces para demostrar mi interés.

De esta manera, le hago notar que estoy al pendiente de su lenguaje corporal, -lo cual les halaga-, y se da margen también a que la chamaca en cuestión, cumpla con la rutina de novia enojada.

Iban dos y falta una más. Que conste, señor Juez, ésta es la tercera.


-Pareces estar molesta. Quería asegurarme de que estabas bien.
-No es nada, no te preocupes.
-Muy bien. [No lo haré. Según el Script lo que viene a continuación es un "Lo que pasa es que... No. Nada", Con una inflexión de voz que la haga sonar infantil.

Así que venga, haz tu movimiento.] Te decía que hay en cartelera dos películas que me llaman la atención, sobre todo una de misterio que...
-Lo que pasa es que... No. Nada... ¿Qué películas dices?


¿Ven? ¡Yo sabía que esa era su siguiente línea! Ya me lo aprendí. Aquí entra también algo de actuación. Así que dejo escapar un suspiro de resignación que, más que suspiro, parece resoplido, justo antes de preguntar...


-¿Cuál es el problema?
-Nada...Bueno sí. Resulta que te vieron.


Como ustedes sabrán, yo siempre me porto bien y eso se refleja en la tranquilidad de mi conciencia (ajá). Pero eso no impide que ante un ataque de tal magnitud, mi cerebro comience a proyectar una película de todo lo que ha sucedido en la úlitma semana. Sólo por si las dudas.

La adelanto, la atraso y la pauso. Maldita paranoia. Todo en orden. No encuentro nada comprometedor, lo cual es una ventaja.

Así que, ya en territorio seguro, me aventuro a preguntar:


-¿Me vieron? ¿Quién?
-Una amiga.
-[Si crees que con esa respuesta me voy a dar por satisfecho, que poco me conoces.

No haya sido la vieja flaca esa que siempre me anda inventando cosas, ahora que sí fue la buenona que se parece a Shakira, la cosa cambia...] Por eso, corazón. ¿Quién me vio?
-No te voy a decir.
-[Entonces, ¿por qué me molestas? Tan contento que estaba de verte. Pero bueno, me saldré por la tangente. De veritas, de veritas: NO tengo ganas de pelear.] Tengo la conciencia tranquila.


Ella clava los ojos en mi rostro con esa mirada inquisidora que tienen las mujeres. Y que resalta más con la cabeza inclinada, observando a través de las pestañas, los ojos entornados, en un gesto de desaprobación.

De cuando en cuando viendo en otra dirección, o mirando hacía arriba para volver siempre a mis ojos, o trazando con la mirada un arco, acompañadas probablemente por un leve "ash"... Que lejos de molestarme, resulta divertido.

El asunto es que algo la incomoda, pero no encuentra como decirlo.Y yo no soy adivino. Por lo tanto, me hago buei, la tomo por la cintura y le sonrío a 10 centímetros de su rostro.

Pero ella contraataca...


-Yo te vi, Rigoberto.


¡La película Borracho! ¡Revísala otra vez! Pero me acuerdo de lo bien que siempre me comporto. Así que, con un pinche aplomo que me envidiaría el mismísimo James Bond, comento:


-Ah eso es diferente. Así ya cambia la cosa. Pero, ¿qué viste, chiquilla?
-A tu amiga, la tal Vicky. Los vi sentados en el jardín.


Esa parte la recuerdo. Estaba yo estudiando en el jardín para un examen que voy a tener mañana. Me encontraba sentado de espaldas al corredor y no la vi llegar. Vicky traía un libro igual de gordo que el mío y se sentó detrás de mí, de manera que quedamos espalda con espalda.

Así que simplemente le cuento a ella el cómo sucedieron las cosas.


-Ella llegó y se sentó.
-Sí. Lo vi.
-¿Ah si? Que bien. Entonces sabes que no fue cosa mía. ¿Dónde estabas tú?
-En la biblioteca.
-Bueno ya te expliqué que ella...


Mi chica sigue sin corresponder mi abrazo, señal de que no he podido contentarla ni siquiera un poquito.


-¡Pero tú no hiciste nada!
-[Chale. No sé que esperabas que hiciera. No tengo ojos en la nuca, y no iba a salir corriendo para que ella se cayera de espaldas.

Además, ahora que lo pienso, ¿por qué te enojas conmigo y no con ella?] ¿...?
-Y luego se burló de mí.
-[Ah chingá. Eso sí que no.] Eso sólo lo puedo hacer yo.
-Muy gracioso.
-¿Quién se burló de ti?
-Pues ella. La tal Vicky. Y la otra también: tu amiga Graciela.


Aquí, vale aclarar algo. Yo conocí a Graciela dos años antes que a mi novia. Y somos entrañables amigos. Pero sólo eso. Mi querida amiga Graciela. La famosísima Chela. Chelita. Ampolleta, para los cuates.


-Mira, Paz...


¡Ironías de la vida! ¿Verdad? ¡Paz se llama! ¡Pero si paz es precisamente lo que pido! ¿Habrá algún nombre que signifique guerra? Le quedaría mejor...


...sé que nunca te ha caído bien Chelita y no entiendo bien por qué, pero hablaré con ella. Tampoco voy a dejar que se burle de ti. ¿Qué te dijo?
-Nada.
-¿Cómo que nada? ¿Entonces cómo se burló de ti?
-Pues es que estaban hablando ellas dos...


Mis queridos lectores y lectoras, no sé si se los haya comentado en alguna ocasión, pero yo me distraigo muy fácilmente. Por lo mismo, cuando estudiante, necesitaba de absoluto silencio para poder concentrarme.

Esto me sucede a menudo a mitad de una conversación. Mi mente divaga y va entrelazando ideas que probablemente den paso a alguna historia que escribiré luego. Y pasa especialmente cuando dicha plática me molesta, como obviamente está sucediendo con la situación que estoy intentando describir.

De pronto algo se me viene a la miente. Ya sea una idea para el blog, una pendejada cualquiera, o alguna pregunta verdaderamente filosófica y trascendental como ¿Quién soy? ¿De dónde vengo? ¿Qué talla de bra será Shakira? ¿En qué temporada de Dr. House me quedé? ¿Cómo se llama la amiga buenona de mi chica? ¿Qué prefiero, que me cremen o que me chocolaten...?

Y otras cosas igual de importantes.

Así que me evado de mi realidad, la dejo que hable y la miro como si le pusiera atención hasta que termina con un:


...y luego voltearon hacía donde yo iba saliendo de la biblioteca de la escuela y se rieron.


¡Cárgueme la ch...! ¡Entonces no le dijo nada! Una inocente risa a 20 metros de distancia y ella asume que se estaban burlando ¡precisamente de Ella!

Pero bueno, inhala, exhala, inhala, exhala... Bien. Hora de poner en práctica lo aprendido en las anteriores relaciones. Así que sonrío, sin soltar su cintura, y ella, no de muy buena gana, me deja hacer.

En esta parte del juego es importante no sólo el qué dices, sino cómo lo dices. Suavizo la voz y paso la mano derecha suavemente por su mejilla.

Simplemente le digo lo que quiere escuchar.


-Oye, corazón... ¿Te molesta que hable con Chelita?
-Mmm...Sí.
-¿Te gustaría que dejara de pasar tiempo con ella?
-[Con una voz más aguda que pretendía sonar infantil] Si, por favor.
-Pues asunto arreglado. Hablaré con Graciela, le diré como están las cosas pero te quiero recordar algo. La puedo ver menos, pero jamás dejará de ser mi amiga, ¿estamos? Recuerda que la conocí antes de que nos hiciéramos novios. Ella entenderá...


¡Dejar de verla! Simón, ahorita ¿y su nieve de limón? Aunque sea a escondidas, pero la veré... Sin embargo, escuchar eso la tranquilizará.

De hecho, comienza a corresponder a mi abrazo. Sonríe, pasa sus brazos alrededor de mi cuello, me da un beso y pregunta:


-¿Harías eso por mi?
-Claro. Y muchas cosas más...


Por fin su rostro se ilumina y me dice:


-Gracias. No sé cómo me aguantas. Eres un hombre maravilloso.


Estoy de acuerdo en lo del hombre maravilloso y eso de que cómo hago para aguantarla, también me lo he cuestionado mucho últimamente. Estoy comenzando a hartarme.

A veces, de veras quisiera que tuviera razones para dudar de mí, haberla engañado con todas las que ella cree. Uno se cansa, ¿saben?

Todos tenemos un límite.


-Tal vez deberías terminar a una chica tan conflictiva como yo...
-Completamente de acuerdo. [Putam... ¿Eso lo dije o lo pensé?]
-¿Qué? ¿Qué dijistesss?


¡Ja!. Lo dije, no lo pensé. Por lo tanto, ya la cagué, la obré, la defequé...

Esa, mis queridos educandos, es la desventaja de sostener diálogos interpersonales e intrapersonales al mismo tiempo, hay que estar muy atentos porque se les pueden ir las patas como me acaba de suceder a mí.

Por ahora los dejo: debo pensar en algunas otras mentiras que inventar para solucionar este asunto, je...


-¡Espera! No quise decir eso... ¡Hey! ¡Vuelve aquí! ¡Paz...!


Ah por cierto... ¡Salud! ¡Por los mentirosos!


Jajaja...